LA COLUMNA DE HORACIO
Los cambios… para  que todo siga igual

Cuando los  pueblos reeligen a los gobernantes están optando por una permanencia del estilo de gobernar correspondiente  que puede ser muy propio  o reeditado. En un país en el que los altos servidores públicos, o más exactamente el político tradicional, han perdido mucho la capacidad de diferenciarse, debe dar lo mismo Juan que Pedro.

La reelección, ya lograda, significa que el pueblo aprobó lo que existía,  y aunque pareciera lógico y oportuno traer rostros nuevos en la coyuntura de inicio de cuatrienio, el que lleva la batuta nos tiene acostumbrados a querer dejar  cosas como están. Laisser fasser, que el agua se aclara sola al paso de la corriente. La consigna  de “no cambiar de caballo cuando se está cruzando un río”, tiene que valer igual para el jinete mayor que para el resto de los que con él cabalgan.

Independientemente de que la corriente atronadora que va por el lecho lleva problemas muy serios con un país de muchos dólares saliendo y pocos entrando y con un grave y vicioso consumo masivo de electricidad que el gobierno tiene que pagar en nombre de los usuarios. Negar que hay distorsiones que nos están llevando a la bancarrota sería cerrar los ojos a la realidad. Con todo y eso, y en lo que la República parece ir a mayores dificultades, la posibilidad de ser ministros hace delirar a mucha gente.

Los aspirantes se cuentan por centenares. La economía no se hundiría sola. Hay demasiado personajes dispuestos a treparse en el  metro 2008-2012 y ya escucharemos decir a los que lleguen que están dispuestos a sacrificarse por la patria y “salvarla”. Los buenos autos oficiales, altos sueldos y la opción de manejar cuentas de abundancia  y nombrar a familiares y amigos no serían más que “beneficios marginales”.

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