LA COLUMNA DE HORACIO
Pan, arroz y huevo como
instrumentos de campaña

Al menos, eso tienen las campañas electorales para dar una nota diferente: confieren inusual trascendencia a los problemas del alto costo de la vida. En tiempos normales el ciudadano masculla en el olvido las dificultades que confronta para adquirir alimentos. Puede que la prensa tomen en cuenta el tema, pero la  “sensibilidad”  de los políticos que desde el gobierno dicen tratar de resolverlos, mientras los de la oposición se esfuerzan porque parezcan más graves,  solo se da con  énfasis si hay una banda presidencial de por medio.

El arroz es por el momento más bulla que cereal. Los políticos del oficialismo se desgañitan diciendo que: “¡las camionadas llegaron!”, propalando que lograron una saturación demencial en los canales de comercialización. Luego el pulpero le dice al infeliz que llega a su mostrador que: “no se lleve de cuentos amigo”. Lo verdadero es que la fanfarria llega primero que los cargamentos, o exagera demasiado.

Ahora bien, si especialistas son los gobiernistas en hacer parecer que la comida barata abunda, sin que así sea necesariamente, los adversarios no se quedan atrás con las hipérboles  con que pintan el problema. Hablan de la supuesta imposibilidad material y logística de cubrir el territorio nacional con productos subsidiados; y uno llega a preguntar si fue que de repente  este país alcanzó las dimensiones de Australia. Y más risible aún, alguien proclamó que esta crisis llevará a la quiebra a cien mil colmados, pequeñas entidades  que siempre han encontrado la forma de que quiebre el comprador, no el que vende. En el exterior la llama olímpica es noticia de actualidad. Aquí estamos más preocupados por el encendido del fogón y lo que pueda aparecer para colocarle encima.