LA COLUMNA DE HORACIO
Un fisco omnipresente por acción u omisión

Algunos observadores opinan  que la presión tributaria se mide no solo por lo que el ciudadano paga al fisco formalmente sino también por los costos que para él tengan las deficiencias  de los servicios que son responsabilidad del Estado.

El transeúnte que cae a un  hoyo imprevisto en la calzada resulta por definición una víctima del sistema estatal  que la Cruz Roja llevará de inmediato al hospital Darío Contreras. La cuota de recuperación y la falta de medicamentos que obliguen  al paciente a incurrir en gastos tendrían  también el efecto de una carga fiscal. Bajo esa óptica cada ciudadano es un micro componente del erario que vive sacando dinero del bolsillo para que el país camine bien  en diversos renglones,  y a veces por partida doble. De nosotros los contribuyentes sale el desayuno escolar pero  como es obligado  fortalecer en casa la  ingesta de suero lácteo que reciben  los muchachos, las familias gastan en huevos y mangú adicionales para que doña Alejandrina pueda seguir diciendo que nuestros escolares están bien alimentos.

Un minibús comprado  con exenciones fiscales  y movido a su vez por gasoil parcialmente exonerado, podría tener de todos modos un pasaje que cueste cinco pesos por encima de lo razonable. Entonces, más que a cargo de un chofer, la unidad de transporte público en cuestión lleva al volante a un criminal agente de retención. Asimismo, cualquier extorsionista (macutero) que se nutra de cobros “por la izquierda” en los procesos de la onerosa burocracia no es más que un taimado recaudador que tiene la tarea de hacer la vida más cara de lo que ya era por causa de los sellos y formularios  de la acción ordinaria del fisco.