La corrupción en todas partes

HAMLET HERMANN
¡Qué lástima siento por algunos prestigiosos periodistas! Insinuar en 2005 el fantasma de una rebelión militar contra el gobierno porque algunos Generales son investigados en la Justicia no es sólo muestra de un desfase histórico sino también es una estupidez. No se han atrevido todavía a sugerir la amenaza de un golpe de Estado, pero los que nos alfabetizamos con los periódicos en las manos intuimos cuando nos quieren amedrentar con aquello de “no se metan con los guardias”.  Y hace tiempo aprendimos que en ese mensaje hay mucho de chantaje y otro tanto de extorsión para encubrir lo mal hecho y a los mal hechores.

Resulta inaceptable que experimentados comunicadores quieran enmascarar sus opiniones o los “mandados” de otros con aquello de “fuentes generalmente bien informadas”. Hablar de que en círculos de las Fuerzas Armadas se han generado comentarios de indignación y disgusto por la forma descortés en que han sido tratados antiguos altos mandos militares es un gran invento de los que temen que las investigaciones continúen. Ellos saben que luego del trabajo institucional realizado por “los académicos”, encabezados por Soto Jiménez y Pared Pérez, los guardias no van a asumir como suyos los desmanes cometidos por muchos de los centenares de Generales de papel que Hipólito Mejía designó en franco sabotaje a las Fuerzas Armadas. No es verdad que los guardias y los policías van a asumir como suyos a los perversos y a los delincuentes que se aprovecharon de sus cargos para corromper todo a su alrededor. Por el contrario, los militares activos están empeñados, precisamente, en recuperar la distorsionada imagen que le dio el anterior Presidente de la República y llegar a ser lo que siempre han querido ser los honestos.

Huele a chantaje cuando en una nota periodística se usan ciertos vocablos fuertes e intimidantes para expresar un supuesto estado de ánimo entre los militares. No son más que exageraciones malintencionadas el decir que porque se investiguen los comportamientos de algunos Generales, en el seno de las Fuerzas Armadas haya “indignación y disgusto”. Es también un exceso usar las palabras “amenazas”, “desconsideraciones” y “retaliación” sólo porque se les ha tratado como iguales ante la ley. ¿Quién dijo que es descortesía registrar corporalmente a una persona que siempre ha poseído y porta armas de guerra y que, además, su profesión de toda la vida ha sido la represión? ¿Es que esos oficiales se quejan cuando viajan a Estados Unidos y son obligados a quitarse los zapatos y casi desnudarse? ¿Protestan ellos y se indignan cuando un civil norteamericano los registra hasta los tuétanos poniendo cara de pocos amigos? ¿O admiten en territorio norteamericano que la ley es igual para todos?

Un connotado periodista rechaza que los Generales que son investigados en la Justicia se les trate como a cualquier otro ciudadano. ¿Sabrá él qué dice la Constitución al respecto? ¿Qué son ellos sino ciudadanos de la República como otros nueve millones de dominicanos? ¿Qué dejamos entonces para miles de civiles que defendieron la soberanía nacional contra el invasor extranjero, que defendieron la verdadera democracia, que denunciaron los fraudes electorales y se enfrentaron a los fusiles militares que portaban paños colorados de Balaguer? Parece que para estos comunicadores los civiles sí son cualquier cosa y pueden ser ejecutados en “intercambios de disparos”, golpeados hasta la muerte y, si logran sobrevivir, encarcelados en eterna preventiva de inmundas cárceles convertidas en negocios por los encargados de su cuidado.

Una de esas notas periodísticas dice: “Por primera vez más de 50 jefes militares y policiales han sido citados por los tribunales, a instancia del Ministerio Público, para que respondan  por acusaciones y expedientes.” ¡Coño! ¿Y no era eso lo que ha estado pidiendo el pueblo dominicano desde que ajusticiaron a Trujillo? Demos gracias al Ministerio Público de este gobierno que se apretó los pantalones y empezó el desmoche por arriba, por donde aquellos que han acumulado inmensas fortunas que nadie ha podido explicar sin evidenciar actos de corrupción. Lo que pasa es que las leyes siempre son para los jodidos, no para los corruptos y, cuando enfrentan el peso de la ley y no tienen el poder para burlarla, se acobardan y reclaman legalidades que ellos nunca respetaron.

Donde sí coincido con esos comunicadores es en que la corrupción hay que buscarla en todas partes, absolutamente en todas. Y me permito añadir, buscarla incluso entre los periodistas quienes, a veces, recurriendo al privilegio de proteger sus fuentes de información inventan cosas para proteger intereses y personajes “non sanctos”.