La crecida de los asuetos

Con su advertencia a los colegios privados para que se abstengan de cerrar prematuramente las clases en atención a los entusiasmos que la Navidad motiva, el Ministerio de Educación se muestra a tono con la preocupante tendencia excesiva a dejar desiertas las aulas tan pronto asoman períodos conmemorativos. Una abulia contagiosa recorre en ocasiones ámbitos particulares en los que por fortuna aparecen también gerencias y profesorados ejemplares de la causa educativa. Pero preocupa que por falta de rigor de las autoridades que supervisan la enseñanza en cada ámbito tiendan en algunos casos a extenderse los asuetos que corresponden a las pascuas del año: Natividad y Pasión del Señor a las que inconsultamente se suman días liberados de responsabilidades al comienzo y al final.

Prisa en irse a la inercia, sin prisa en regresar de ella para aprovechar el tiempo de los aprendizajes que ayudarían a sacar mejores notas con PISA. No debe permitirse que desaparezca en gradual proceso el recto e integral desarrollo de los programas del año lectivo como una forma de sembrar en las mentes jóvenes un sentido de compromiso con su propia formación ciudadana. Impídase, disciplinariamente y con el concurso de padres y tutores, que los llamados “puentes” despobladores de planteles en fechas intermedias entre lo laboral y lo festivo del calendario resten dedicación a los libros y cuadernos.

Progreso y atraso al mismo tiempo

Conforta el respaldo del Estado al desarrollo de fuentes energéticas alternativas, renovables o sin petróleo, un valioso auspicio en contradicción con el hecho de incurrir en altos costos financieros y ambientales para crear la gigantesca quemadora de carbón de Punta Catalina, el más proscrito de los combustibles como reafirmaron participantes en la reciente cumbre de Madrid.

Tropezando una y otra vez en controversial implementación de un proyecto ligado al escándalo de Odebrecht y afectado por el cierre de fuentes de financiamiento, República Dominicana aparece en este particular caso abrazada a turbinas que debieran estar movidas a gas natural; sin señal de que serían reconvertidas como procede. Defendidas ilusoriamente como amigables al ambiente lo que no ha logrado ningún país.