La crisis internacional y la estrategia de desarrollo nacional

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Especial para Hoy
El problema fundamental que enfrenta el país en estos momentos es la secular incompetencia de sus élites para diseñar e implementar estrategias exitosas de crecimiento y desarrollo que se sostengan en el largo plazo.

Las viejas estrategias han fracasado todas y las reformas de los últimos quince años fueron violadas y desnaturalizadas unas, mientras que otras fueron tan mal diseñadas que todavía no fructifican en un renovado impulso desarrollista.

No hay otra crisis sistémica dominicana más importante que esta.

Estrategia y crisis. En perspectiva, han transcurrido dos años completos desde que en diciembre de 2007 se iniciara la crisis financiera internacional y el gobierno dominicano no ha implementado ningún programa estratégico frente a las debilidades esenciales de la competitividad internacional del país.

Ni siquiera se han reversado las tendencias al deterioro de los indicadores comparativos internacionales más importantes compilados por agencias multilaterales y ONGs independientes a nivel mundial.

No hay conciencia efectiva que mueva a las élites en el sendero y con la velocidad que exigen las circunstancias.

Tal como sucedió durante la última gran crisis internacional a inicios de la década de 1980, el gobierno ha preferido comprar tiempo a través del endeudamiento externo.

Sin embargo, en lugar de utilizar estos preciosos y escasos recursos para impulsar inversiones estratégicas coordinadas con amplios segmentos del sector privado, durante los últimos dos años se ha caído en la vieja práctica caudillista y clientelar del despilfarro a través de gastos corrientes superfluos y pan y circo electoral de siempre.

El presupuesto para este año es más de lo mismo, con el agravante de incluir enormes inversiones de muy baja rentabilidad que no tendrán  impacto  sustancial en la necesaria restructuración económica y socialdel país.

Estrategia sin presupuesto. El gobierno, en cumplimiento de la ley, ha confeccionado una estrategia nacional de desarrollo para el periodo 2010-2030 que debe ser debatida   y consensuada durante el transcurso de estos doce  meses.

Los diseñadores de la estrategia incluyen una serie de prioridades de gasto público que coincide con las viejas demandas elementales de diferentes grupos nacionales. Sobre todo, gasto en capital humano, desarrollo de capacidades e infraestructura complementaria que sirva de soporte a la competitividad de la nación.

Es muy alta la sospecha, sin embargo, de que este sea un documento retórico y vacío de auténtica convicción por parte de la élite política del país.

En efecto, el presupuesto de 2010 niega totalmente los planteamientos de la estrategia 2010-2030 elaborada al mismo tiempo, en las mismas oficinas y bajo la misma supervisión.

Al gasto social, para tomar un ejemplo neurálgico, le es asignado un monto en el presupuesto que no es congruente ni con las líneas de acción ni con las metas planteadas en la estrategia.

Es como si hubiese regresado el fantasma de la época (1966-1982) del gran divorcio entre las estrategias de los planes elaborados en la Oficina Nacional de Planificación (ONAPLAN) y el presupuesto de gastos públicos elaborado por la Oficina Nacional de Presupuesto (ONAPRES) que estaban en el mismo edificio (el Huacal).

Las inversiones en parques industriales de alta tecnología, programas de investigación científica y tecnológica aplicada, desarrollo de clusters, fondos de financiamiento para la modernización de la industria y otros programas fundamentales de la estrategia no aparecen por ningún lado en el presupuesto de 2010.

La implementación de las reformas para hacer más eficiente la inversión y reducir la corrupción, tales como la realización de estudios de factibilidad y concursos públicos, tampoco son reflejados en el presupuesto de 2010.

La gran mayoría de las inversiones o son arrastres de proyectos medalaganarios, o son nuevos proyectos que ni fueron estudiados y priorizados adecuadamente, o son proyectos que no serán concursables.

Las masivas inversiones en infraestructura, urbanismo y medio ambiente que se plantean en la estrategia como fundamentales para sostener la competitividad de los polos turísticos dominicanos no aparecen en ningún capítulo del presupuesto de 2010.

Uno se pregunta cómo es posible que el Congreso haya aprobado tal documento sin haberlo debatido a fondo. Es como si no existieran la razón y la conciencia en la dosis que requieren cargos de responsabilidades tan graves como estos.

Obviamente, la democracia dominicana es fallida, le falta la independencia y sustancia deliberativa del poder legislativo.

Estrategiamania.   No ha habido escasez de planes y estrategias en los últimos años. Casi todos los sectores han pasado por el proceso de contratar asesoría (sin concursos, claro), realizar seminarios y talleres, redactar, publicar y colgar en sus websites coloridos planes y estrategias a corto, mediano y largo plazo.

Cada uno de estos planes ha sido, normalmente, acompañado de una nueva ley o reforma de leyes existentes.  Son los casos de transporte urbano (2005), seguridad ciudadana (2006), electricidad (2006), competitividad (2006), educación superior (2007), administración pública (2007), industria (2007), ciencia y tecnología (2008).

Todos estos planes han confluido, de una forma u otra, en la Estrategia Nacional de Desarrollo 2010-2030. Todos estos planes y estrategias sectoriales, sin embargo, contienen una especie de virus común que conduce a las mismas patologías institucionales.

Son introducidos por una retórica científica más o menos sofisticada que incluye revisión de la literatura existente y el profuso uso de palabras grandilocuentes como nano-tecnología, mecatrónica, clusters y paradigmas que nadie entiende. Las líneas de acción de corto plazo siempre involucran “habilitación de la institucionalidad” que no es más que la masiva contratación de personal, otorgamiento de becas y construcción de infraestructuras.  A esto le siguen ambiciosas metas cuantitativas de largo plazo sobre líneas de políticas escogidas de forma arbitraria y sin explicación de cómo serán las metas que se alcanzarían.

En los hechos, estos planes y estrategias no han sido más que elaboradas justificaciones de contratación sin concursos de la clientela política, su formación en el extranjero para otorgarles ventajas en el mercado de trabajo, así como la compra de equipos y construcciones sin los concursos, favoreciendo a la capa de nuevos, medianos y grandes empresarios clientelares.  

No ven inversiones

Las inversiones en parques industriales de alta tecnología, la investigación científica y tecnológica aplicada no están  presupuesto 2010.

Electricidad

 Este es un caso especial que hemos venido analizando en detalle. Ahora, a través del decreto 923-09, se prepararía una “estrategia integral de desarrollo eléctrico estatal” de “corto, mediano y largo plazos”. Recordemos que este sería el tercero de la serie. El primero fue el “plan de rescate” de 20 meses en 2004. El segundo, el “plan integral del sector eléctrico” con vigencia de 2006 hasta el 2012. Nadie sabe si este nuevo plan será exitoso, pero lo que sí se sabe a ciencia cierta es que los dos planes anteriores fueron rotundos fracasos que, tal como sospechamos de los planes en otros sectores, terminaron en personal clientelar excesivo, baja productividad, excesivo costo de las inversiones realizadas, alto endeudamiento, alto precio del servicio, estancamiento del nivel de abastecimiento y boicot internacional de los inversionistas extranjeros ante el deterioro institucional y regulatorio del sector.

Deshonestidad

No se puede concluir de otra manera que  acusando a la élite gubernamental de deshonesta y miope. No existe absolutamente ninguna razón por la cual creer que el debate de la “estrategia nacional de desarrollo 2010-2030” conducirá a situaciones diferentes de las que ya se han vivido con ejercicios similares. ¿Es que se pretende olvidar las experiencias del “diálogo nacional” y de la “cumbre de fuerzas vivas”? Si las estrategias implícitas en dichos ejercicios se hubieran aplicado con honestidad, la reciente crisis financiera internacional hubiese sido menos devastadora de lo que ha sido en lo que respecta al sector eléctrico dominicano.