La crisis

Desde hace cierto tiempo estamos presenciando el desmoronamiento del sistema financiero de las principales economías del planeta, frente a nuestros sorprendidos ojos se desvanecen centenarias instituciones, y la pérdida de valor de mercado de los más  importantes bancos del mundo alcanza cifras que son tan enormes que es imposible digerirlas.

Esta situación ha obligado a muchos gobiernos a utilizar dinero público, es decir de los contribuyentes, para pagar los desajustes provocados por el afán de lucro, la irresponsabilidad, y los excesos permitidos por las autoridades.

Sin embargo, pese al enorme volumen de recursos inyectado por diversas vías a la banca, y a las diferentes medidas “salvadoras” tomadas por los gobiernos a favor de estas entidades, como consecuencia de este problema la crisis económica golpea con fuerza a las principales potencias de la tierra, varias de la cuales ya se han declarado oficialmente en recesión.

Los mercados de valores que operan en América, Europa y Asia, no terminan su ciclo bajista, y presenciamos cómo cada día se volatilizan cientos de millones de dólares, euros, yenes, yuanes, etc., provocando el cierre de empresas, drásticas disminuciones de ventas y masivas pérdidas de empleos, obligando a miles de familias a una vida más austera.

Hace pocos días se reunieron en Washington las más importantes economías del mundo, para tratar de encontrar el cómo evitar que crisis similares se produzcan en el futuro, no quedando muy claro en el documento que se hizo público cómo lo lograrían.

Desde mi punto de vista, un modelo económico que propicia el que en los ciclos de bonanza los beneficios los disfruten unos pocos, y cuando se produce una crisis como la actual el costo recaiga sobre todos los ciudadanos, no es justo. No es cierto que el mercado puede ser el árbitro que todo lo regule con su comportamiento mientras la codicia y el egoísmo humano lo manipulen.

Mientras esta hecatombe ocurre a nivel universal, en la República Dominicana el dispendio gubernamental y privado continúa como si viviéramos en otro planeta. Los nombramientos de funcionarios de la más diversa categoría no terminan de sorprendernos por abundantes y heterogéneos. Sigue el anuncio de obras y adquisiciones de cuestionable prioridad, aunque necesitamos plantas de emergencia, velas y velones para enterarnos de ellos.

En el ámbito privado, nos “deleitamos” con la presentación en menos de 30 días, con excelente asistencia, de varios cotizados artistas internacionales, los vuelos salen llenos de dominicanos que quieren aprovechar las gangas existentes en las principales tiendas  de los Estados Unidos, en donde sus ciudadanos han dejado de comprar. Nuestros restaurantes continúan con muy buena asistencia, y el dinero se sigue derrochando por doquier.

Yo no digo que este comportamiento irracional sea necesariamente malo para el país, pero deseo que alguien me explique de dónde sale tanto dinero.