La cuota de violencia

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
La sociedad dominicana o mejor las fuerzas vivas nacionales están desbordadas por la violencia creciente e imparable que arropa a todos los sectores, de manera tal que ya se hace difícil salir sin temores a la calle o permanecer encerrado a cal y canto en los hogares.

No hay ningún sector nacional, desde los más encumbrados protegidos por fuerzas de seguridad privada o en los más humildes de los enracimados a las orillas de ríos y cañadas, que no sufra del impacto de actos violentos, que van desde los que protagonizan los delincuentes hasta los generados por el estado de ánimo de los seres humanos, integrantes de cada estrato social ya sea por celos, discusiones de política, por deudas impagadas o por el simple hecho de llevar a vías de hecho ese nivel de ruidos con que emitimos nuestros pensamientos. Es que somos muy bullosos cuando conversamos.

Todos queremos ponerle un freno a la violencia. Todos clamamos y demandamos por más energía y decisión para aplicar las leyes y el castigo a los delincuentes. Pero todos no expresamos con sinceridad lo que llevamos en nuestra íntima convicción de eliminar físicamente a los antisociales que inundan y desbordan nuestras ciudades y campos, haciendo difícil la vida tranquila y sosegada de décadas pasadas.

Implantar un régimen de exterminio a los antisociales, como ya ha ocurrido en el pasado, es una tarea que no acabará con el mal que nos afecta. Todos somos culpables de que se haya desbordado la pasión por el delito como única forma de vivir bien de los sectores que ven cómo otros semejantes disfrutan de la buena vida, ya sea por sus capacidades o por sus talentos si se trata de un deportista, un bachatero o un empresario. El auge de las drogas tiene una tremenda cuota en ese incremento de la violencia, donde el lavado de dinero y lo atractivo que significa sacudirse de la realidad cuando se está bajo los efectos de las drogas estimula un mercado que si bien no se compara a los niveles de Estados Unidos, al menos aquí ya se eleva a índices preocupantes que estimula a mucha gente a buscar dinero por esa vía.

El colapso de la familia, el estímulo visual y auditivo de los medios de comunicación con su propaganda de la buena vida que se ofrece a diario por todas las vías, la irresponsabilidad de los encargados de hacer cumplir las leyes y la podredumbre policial que es una gangrena enquistada en el cuerpo social de la Nación, se ha convertido en los ingredientes para la inseguridad dominar todas las actividades. A eso se le une la continua recepción de delincuentes dominicanos deportados que han cumplido sus condenas en Estados Unidos. Muchos de ellos buscan la forma de regresar a ese país, otros se quedan y recurren a lo único que saben hacer, ya que aquí no reciben la oportunidad de generarse.

Asimismo, las autoridades se ven desbordadas por la delincuencia y el factor que más influye es la irresponsabilidad de ellos como políticos, que muchos con sus metas de hacerse ricos en las posiciones que ocupan nunca le han ido a la raíz del problema que es la desintegración del núcleo de la sociedad que es la familia. Cuando existe un índice de divorcios cercano al 50% y millares de uniones libres, se localiza la causa primordial del crecimiento de los antisociales; son jóvenes que no conocen un hogar, son lanzados a las calles para buscar el sustento a sus progenitores o familiares mediante el aniquilamiento o agresión al semejante para despojarles de lo que necesitan para subsistir.

Combatir la violencia mediante métodos extremos es lo único que conocen las autoridades represivas como una herencia de lo que fue la escuela de la dictadura de Trujillo. Y eso se ha visto de cómo se aplica corrientemente que van desde aquellos intercambios de disparos, que ya todos quisieran que se implantara como única forma de restaurar la tranquilidad, hasta acallar a los delincuentes permitiéndoles salir del país o como presos privilegiados para poder utilizarlos como sicarios cuando fuera necesario.

No hay dudas que el valladar de la delincuencia ha paralizado al país y las autoridades, la Iglesia, la Justicia, sociedad civil se aprestan para sentarse a discutir en sesudos seminarios para buscar la mejor forma de combatir los males que genera la violencia. Ninguno de esos educados y respetuosos participantes en esos seminarios contra la violencia se atreverán a insistir en el exterminio puro y simple de los antisociales, ya que los estimulantes de la escalada de la inseguridad los tenemos de frente como son los políticos corruptos, empresarios egoístas y autoridades represivas contaminadas por la corrupción.