La delincuencia toma delantera y crece como bola de nieve

En el año 2003 se aprobó el Código del menor, expresado en la Ley 136-03. Con esa legislación el país entró a formar parte de la Convención sobre derechos del niño, que en su artículo 40 está referida a los derechos de los jóvenes en conflicto con la ley penal.
A los menores del 2003 les han pasado 14 años, en ese lapso ya no lo son. Si durante esos años fueron delincuentes crecieron con el mal y se hicieron delincuentes adultos, reproduciendo la conducta con la que han vivido desde que eran niños.
El artículo 223 de la ley 136-03 protege a los menores hasta los 13 años. A ningún menor por debajo de esa edad le cabe prisión, y los mismos lo saben, se han aprendido tan bien el artículo de la ley, que cuando son apresados en fragrante violación le advierten a las autoridades: “recuerde que tengo menos de 13 años”. Se lo han aprendido muy bien, como los delincuentes adultos que repiten artículos del Código Procesal Penal.
Muchos de los menores han sido reclutados por adultos para conformar bandas que atracan a cientos de personas en la capital y en Santiago principalmente, cometen crímenes horrendos y bajo el amparo del referido Código los menores son puestos en libertad.
La delincuencia juvenil es un grave problema social que ha sido estudiado por la Procuraduría en coordinación con varias universidades, investigaciones en las que se han encontrado indicadores como la pobreza en primer lugar.
El 63% de los casos estudiados hasta el 2014 eran de jóvenes que vivían solo con su madre y solo un 29% vivía con padre y madre.
Otro estudio del 2003, cuando todavía no era tan grave el problema, de 308 adolescentes detenidos se encontró que 17 habían cometido atracos, 42 estaban presos por homicidio, 125 por robo, 26 por violencia sexual, 30 por drogas, 28 por riñas y 15 por porte de armas.
En la actualidad, jóvenes y adultos asaltan a todas horas porque esos números se han multiplicado tanto que sencillamente nos tienen en un estado de paranoia, nadie está seguro en ningún lugar.
Estamos ante una situación donde la vida equivale al precio de un celular. El lunes trágico reveló como estamos, al menos en la capital. En la mañana asaltantes provocaron la muerte de Delcy Yapor, en plena zona metropolitana, y en la noche en Villa Consuelo, dos motoristas asaltaron y mataron a la señora Jacqueline de la Cruz, de 32 años, a quien despojaron de su cartera y un celular.
Cabe destacar que la mayoría de los asaltos no son reportados a las autoridades porque la gente tiene temor y porque entre poner una querella, ir a la Fiscalía y luego a un juez, se pierde mucho tiempo, sin la certeza de que se obtendrán buenos resultados. Ese es otro indicador del por qué nos ha arropado la delincuencia.