La desaparición de Fredy Miller

LUCIO MARTÍNEZ
1ro. Fredy Miller, según el testimonio de su íntimo amigo y testigo de excepción de su partida en el viejo muelle de Ciudad Trujillo, Manolo Quiroz, salió o partió haciendo una travesía que estaba acostumbrado a realizar, siguiendo la costa hasta la playa de Boca Chica, ese viaje Manolo lo había hecho en otras ocasiones con Fredy.

2do. Manolo y Fredy habían concertado el viaje, pero a última hora, Manolo fue llamado a cubrir un turno en la Voz Dominicana y no pudo hacerlo pero fue a excusarse y despedirse de Freddy en el Muelle. Dice Manolo, que Fredy estaba acompañado de dos mujeres, de un niño y de un perro.

3ro. Manolo dice que vio claramente cuando Fredy y los demás tripulantes de la embarcación se pusieron sus salvavidas, antes de salir del muelle.

4to. El día era un día claro, un sol radiante, ajeno totalmente a la posibilidad de mal tiempo o tempestad, el mar estaba como un plato, en las mejores condiciones de navegación.

5to. El hermano de Fredy, Tunty Sánchez, era el Jefe de la Fuerza Aérea, y personalmente dirigió durante casi diez días las operaciones de rescate, seguimiento y búsqueda. El entonces Capitán Miguel Gabirondo, luego general, fallecido, fue el oficial responsable de esa investigación. Nos confió a nosotros, que todos los días al terminar la búsqueda tenía que reportarse ante Tunty Sánchez para dar un informe detallado del trabajo. Para tales fines se contó con helicópteros y aviones, que peinaron la costa, tanto hacia arriba como hacia abajo, que se desplazaron hacia las corrientes y contracorrientes marinas. No encontraron restos del bote ni nada que pudiera ofrecer alguna pista sobre esta misteriosa desaparición. El general Gabirondo, nos informó que Tunty Sánchez no escatimó esfuerzos, y se mostró cada día más desesperado por tener algún tipo de prueba sobre este posible naufragio.

6to. La tesis de la desaparición política o accidental política es absurda. Fredy no era ningún antitrujillista, rumiaba como dominicano sensible la insoportable atmósfera que vivíamos los dominicanos, dejaba escapar la inconformidad con la que vivió, su irrespeto por las formalidades, su desesperación existencial, pero no constituyó ningún peligro para la dictadura ni la dictadura se ocupo de él, era un poeta inofensivo. Nadie podía salir del puerto de Ciudad Trujillo sin notificar por escrito y obtener autorización, y Fredy cumplió con estos requisitos. Pero no es posible, que siendo Tunty Sánchez, un hombre tan poderoso, tan bien informado, con todos los resortes en sus manos en relación con cualquier investigación, nunca se enterara de que el bote había sido hundido por la Marina trujillista, que supuestamente lo confundió como invasor. Tunty murió en territorio dominicano, gracias al borrón y cuenta nueva de nuestra historia, metido incluso a inversionista y entregado a la bebida, y en múltiples ocasiones se refirió al caso de Fredy, asegurando que se trató de un misterio que el mar se tragó, pero despojándolo totalmente de la especulación de un supuesto incidente bélico o confusión. En varias ocasiones desechó la tesis de intervención de la Marina, dijo haber hablado con oficiales de todos los niveles de esa institución, responsables de patrullas y vigilancia de las costas.

7mo. Hundir el pequeño bote donde iba Fredy y sus acompañantes, habría tenido testigos, informantes. Era como disparar contra una hormiga en el mar. Hasta hoy no hay un solo marino u oficial de la Marina de Guerra, que se haya sentido tocado o aludido por esa desaparición. Además no había motivo de navegación para suponer que Fredy se iba a alejar de la costa para llegar, en ese estrecho tramo hasta Boca Chica.

8vo. Cuando las lanchas Tinina y Carmen Elsa fueron hundidas en las costas de Puerto Plata, meses después de la desaparición de Miller, fueron bombardeadas, luego de ser reconocidas como intrusas. En el caso de Miller, el estruendo y los sonidos de bombardeo o del cañoneo habrían sido escuchados o percibidos por la proximidad de la costa. Nada perturbó el silencio cerúleo del Mar Caribe. El pequeño bote de Miller no tenía siquiera una imagen de lancha, era un bote de paseo y de pesca, que pasaba desapercibido a corta distancia, de esos que tanto abundaban y abundan en la costa del Caribe. Miller no venía de alta, mar, venía bordeando la costa.

Solo Dios sabe que pasó con Fredy Miller, pero el atentado de Trujillo está totalmente descartado. Pudo ser una súbita tormenta, por aquellos de que en la vida todo es posible, pero debieron quedar rastros, huellas, algún pedazo de madera flotando. La idea ridiculizada, de que Fredy fue rescatado por un OVNI, no entra en la lógica humana, pero tampoco debe descartarse de plano. El señor que se le identificó como Fredy Miller en la antigua carretera Palenque-San Cristóbal, en julio de 1972, a un vendedor de seguros, que nunca había dado demostraciones de alteraciones psíquicas ni las ha dado desde entonces, pudo no haber sido Fredy Miller, pero se parecía demasiado a él, tenía hasta la verruga detrás de la oreja y dio datos precisos. No despachemos tan alegremente lo que quebranta nuestra lógica implacable y rigurosa.

Si fue un actor o comediante, no creo que haya un homenaje más hermoso a su memoria, hizo lo que Fredy le habría gustado hacer para burlarse de la humanidad cruel. Manolo Quiroz ha dicho que presiente que Fredy vive y que algún día lo verá de nuevo. Era que Fredy le decía cuando pescaban e alta mar, que de una estrella lejana lo vendrían a buscar un día. Es cuestión de fe, de pálpito. El supuesto encuentro de Miller en la carretera de Palenque, asegurando que fue rescatado por habitantes del universo, reivindica en el recuerdo, para Manolo, un deseo de él, confiado a Manolo. Si en la bruma de la leyenda, Fredy retorna, no lo desaparezcamos nosotros, que sólo sabemos que no sabemos nada, como dijo Sócrates, ni de donde venimos ni para donde vamos, como dijo el gran Rubén Darío, dejemos que las alas de la imaginación nos lo traigan de nuevo, en un platillo volador, de Marte o Venus, venciendo la muerte, sacándole la lengua a la muerte, informal, bohemio, poeta, echador de vainas y bebedor, ahora como una fantasma a la deriva, que en la orilla de la carretera de Palenque, parlotea y asuta parroquianos.