La descomposición ético moral es el peor de los virus

La descomposición ético  moral es el peor de los  virus

Teófilo Quico Tabar

La descomposición ético moral es el peor de los virus. El mundo entero ha luchado y todavía lo hace de forma agresiva contra la pandemia conocida como COVID y sus variantes. Vacunando y utilizando diversas formas para evitar el contagio y su propagación. Pero existen latentes en la sociedad mundial otros virus que debemos evitar que se propaguen de forma acelerada.

Me refiero a la propagación de la plaga de la inversión de valores, que incluyen todas las malas acciones ejercidas desde diferentes áreas.

Como ha expresado la Iglesia a través de Santo Padre, los obispos de forma particular, en la reciente Pastoral, así como diferentes pastores religiosos, hay que tomar en cuenta las conductas públicas como privadas. Producir un blindaje a la sociedad, pero de manera especial a las familias.

Siguiendo por los centros de enseñanzas, como también todos los conglomerados humanos como áreas de trabajo, donde las personas permanecen más tiempo del que pueden dedicarle a sus hijos, cónyuges y familiares.

Lamentablemente solo una parte de la sociedad ha podido crearles corazas irreductibles a sus familias. Pero si para la otra parte importante, el principal componente del blindaje protector de la conducta humana que es la educación hogareña, por diversas razones se van deteriorando, por falta de tiempo o porque las necesidades no se lo permiten, habría que construir murallas para que los diferentes núcleos familiares se mantengan libres de contaminaciones.

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La enseñanza hogareña es sumamente importante, pero cuando salen de ese núcleo y entran en contacto con los otros componentes de la sociedad, donde por razones naturales y obligatorias pasan gran parte de su tiempo, y las influencias son diferentes, se producen choques conductuales muy grandes.

Entonces la coraza primaria que es la familiar tiene que ser demasiado resistente para que no sea permeada por el virus invasor. Sobre todo cuando la sociedad misma ha establecido escalas de valores distorsionados.

Si los padres pueden dedicarles cada vez menos tiempo a los hijos y a la educación hogareña, las costumbres irán cambiando. Las influencias de las malas acciones se irán generalizando. Por tal razón, los que deben servir de ejemplo en todos los sentidos, no deben actuar desenfrenadamente.

¿Cómo entonces se podría evitar que las nuevas generaciones se mantengan al margen de los efectos del desorden y las malas costumbres? Lamentablemente ellas se estarán convirtiendo en ganadores, ya que nuevas reglas están moldeando el éxito.

Tienen un gran componente de esos vicios que se saben nocivos, pero que se destacan dentro de los nuevos esquemas.

Todo el mundo quiere el progreso de sus familias, pero debe producirse dentro del marco del respeto, el decoro y la moral. No debiéndose confundir lo que algunos consideran progreso material o mejoría económica con actuaciones que riñen con los principios éticos.

Las cúpulas de poder económico, social y político deben detenerse a analizar seriamente los factores que contribuyen al deterioro ético y moral de la sociedad. Sin miedo a enterarse del diagnóstico. Evitando que los factores de transmisión de dicha enfermedad continúen a ritmo ascendente y preocupante. Mientras, las familias y las iglesias tienen que convertirse en los muros de contención.