La difícil tarea de la AMET

La difícil tarea de la AMET

En un país donde cualquier ciudadano, chofer, guardia, policía o empleadito de tercera categoría se cree jefe y con derecho a violar las leyes de tránsito, el trabajo de la Autoridad Metropolitana de Transporte, resulta muy difícil.

Recientemente afirmé que la AMET estaba haciendo un buen trabajo con la intensificación del patrullaje motorizado en las principales vías de la ciudad, presencia que influye en el comportamiento de los conductores.

Esta labor se ha reforzado en la nueva gestión del general Pablo Arturo Pujols, quien se ha reunido con los presentantes de distintos sectores de la población, empezando por los dirigentes choferiles del país.

En el poco tiempo que lleva frente a la institución, ha arengado con frecuencia a sus tropas, estimulándolas para un mejor desempeño que se debe ejecutar con firmeza pero con cortesía.

Considera que los policías y militares, al igual que los civiles, están en la obligación de cumplir con las leyes de tránsito o serán multados y reportados a sus superiores inmediatos.

Eso está muy bien, porque resulta indignante ver que andan cómo “chivos sin ley”, en motores sin luces, placas, cascos protectores ni papeles, violando vías, semáforos y túneles ante la mirada complaciente de los agentes de AMET.

Por ahí se debe empezar, además de prohibir a los miembros de la institución tomar los teléfonos que muchos violadores de la ley, insisten en pasarle luego de contactar a un padrino, que le proporcione impunidad.

Hay que acabar con esos privilegios y sancionar a todos los violadores de la ley, sean civiles, policías, militares, funcionarios o “hijitos de papi y mami”, contribuyendo de esta manera a disciplinar el país.

 

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