La discusión perpetua

CARMEN IMBERT BRUGAL
El jefe de la Policía Nacional sugirió separar de la sociedad a “delincuentes y sicópatas”, condenándoles a un encierro perpetuo. La sugerencia produjo la tradicional discusión mediática. Nadie revisó bibliografía, ni consultó investigaciones, estadísticas, conclusiones de seminarios, conferencias. Cada opinante habla como pionero.

Es la costumbre de tejer y destejer hipótesis. La actitud recurrente que desconoce precedentes y permite pontificar, como si la delincuencia estrenara traje y la gestación de la impunidad, de la impotencia y complicidad oficial, fuera reciente. De ese modo, las disquisiciones de los especialistas se confunden con la aspiración del general y atrás queda la intención de admitir y rectificar errores.

Existe un estereotipo “contundente” para identificar a un delincuente. Incluye forma de vestir, color de la piel, origen, la mayoría acoge el modelo. Cuando se divulgan propuestas y se discute la necesidad de disminuir la delincuencia, ninguno de los oficiantes piensa en “los otros delincuentes”. La distorsionada perspectiva impide el diseño de una política criminal, real y efectiva, subraya la perversidad de atribuir la conducta criminosa sólo a la marginalidad.

La sociedad que convive con asesinos, violadores, desfalcadores, narcotraficantes, permite a condenados y culpables el desempeño de funciones públicas, demanda borrón y cuenta nueva para favorecer a infractores glamorosos, es la que exige pena de muerte, cadena perpetua, castración… esa solicitud es ilegal.

Peligroso es complacer el alarido de la multitud. El enardecimiento obnubila, propicia el castigo de inocentes, inutiliza la función del Ministerio Público y del Poder Judicial.

Aunque el entusiasmo acompañe cifras, el crimen parece sitiarnos. Alegra la disminución de los robos de teléfonos móviles porque no se compara con la profusión de estafas, lavado de activos, homicidios, estupros, cometidos por ciudadanos que gozan, desde el nacimiento, con un privilegio de jurisdicción.

La propuesta del jefe de la PN incluye una categoría delicada de ciudadanos, y la prisa no ha permitido evaluar el desbarro. Tremendo desliz referirse a los “sicópatas” sin ponderar la condición, prevista, de manera tangencial, en un artículo del Código Penal, que requiere exhaustiva revisión.

Presumir que la cadena perpetua enmienda la conducta es un equivoco.