La economía AL en  2010
¿Qué esperar de  economías de América Latina en 2010?

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Es evidente cómo hoy muchos países de América Latina y el Caribe pueden ya enfrentar choques externos, al mostrar un fortalecimiento de las cuentas públicas, ganancias en los términos de intercambio, menor porcentaje de la deuda externa del producto, aumento de las reservas internacionales y reformas al sector financiero.

Sin embargo, la región no ha sido inmune al crecimiento mundial de la aversión al riesgo ni a la caída de la demanda externa ocasionada por la crisis financiera. Así, el crecimiento ha caído drásticamente en casi todos los países de la zona. Aun así, los gobiernos latinoamericanos y los bancos multilaterales están apostando demasiado por una fuerte recuperación económica. Es evidente que, para que sus pronósticos sean acertados, en muchos países ya debería estar en marcha una recuperación importante. Sin embargo, las últimas cifras no apoyan ese punto de vista. Aunque Estados Unidos próximamente muestre una moderada recuperación, las importaciones de China, los precios de materias primas y los flujos de capital privado podrían seguir generando noticias muy negativas para la región.

Lo que está pasando.   Mauricio Cárdenas (2009), director de Latim America Iniciative del Brookings Institute, en su formidable artículo sobre “América Latina y la crisis económica: diseñar e implementar políticas de estímulo”, se manifiesta contrario a la opinión de que los paquetes de estímulo están funcionando y que América Latina pronto saldrá de la recesión. Para ello sintetiza cinco factores de política económica que él considera constituyen una creencia popular. Primero, la adopción de que unos marcos macroeconómicos sólidos permitieron a América Latina reducir la inflación y la deuda pública, fortaleciendo las reservas, las cuentas corrientes y el acceso al capital externo; segundo, la capacidad clave de implementar políticas monetarias y fiscales anticíclicas, ocasionando reducciones en las tasas de interés; tercero, la casi generalización de aplicar unos planes de estímulo fiscal; cuarto, la sorprendente estabilidad de las variables financieras, con reducción importante de la inflación, apreciación de las tasas de cambio, aumento en los precios de las acciones y reducción en los márgenes de la deuda pública y, cinco, si bien la producción y el empleo parecen seguir cayendo, las predicciones sugieren que la recuperación empezará pronto.

El último Informe de Financiamiento para el Desarrollo Global del Banco Mundial (2009) pronostica recuperaciones fundamentales de todas las economías. No obstante, Cárdenas dijo que este punto de vista “peca de optimista”. Sostiene que “América Latina debería esperar lo mejor pero prepararse para lo peor. Al no considerar bien los riesgos futuros, los gobiernos tienen la tentación de agotar las herramientas políticas y no reservar munición para batallas que son predecibles”. Por ello, su crítica se basa en 4 puntos: 1) los indicadores económicos de América Latina no son tan alentadores; 2) se apuesta por la recuperación de los precios de las materias primas; 3) los flujos de capitales llevan un ritmo alarmante; y 4) ya se agotan las municiones. En primer lugar, los indicadores económicos de América Latina no son tan alentadores, porque en la mayoría de las grandes economías latinoamericanas las cifras de producción o ventas aumentaron en los primeros trimestres de 2009 y disminuyeron a final de año (las economías de América Latina no evidencian una recuperación importante). Sostiene que gracias a las vivencias pasadas sabemos que hace falta tiempo (y una gran cantidad de noticias económicas positivas) para cambiar radicalmente esas percepciones, en especial la opinión de  consumidores.

En segundo lugar, Cárdenas expresa que América Latina apuesta por una recuperación de los precios de las materias primas, porque las exportaciones latinoamericanas seguirán cayendo. Y, si se diera el caso de que las exportaciones no se recuperaran, las inversiones perderían impulso, y también lo harían las importaciones de materias primas. En este sentido, manifiesta que se trata de unas noticias muy negativas, ya que sugieren que el aumento de los precios de las materias primas no durará mucho. Por ello, América Latina debería prepararse para tratar con unos precios más acordes con la reducción de la demanda china de importaciones en los próximos meses; en tercer lugar, es ya notorio que los flujos de capital privado se contraen a un ritmo alarmante.

El Banco Mundial predice que la deuda privada neta y los flujos de capital a los países en vías de desarrollo disminuirán del 8.6% del Producto Interno Bruto (PIB) global en 2007 al 2% en 2009. Se prevé entonces que esta situación podría ser mucho peor que la crisis de la deuda en los años ochenta o las crisis asiática y rusa juntas. Con las importantes contracciones que se esperan en Estados Unidos, Europa y Japón, las inversiones extranjeras directas disminuirán a medio plazo. Para los países emergentes y en vías de desarrollo en general, es probable que la deuda privada y los flujos de capital no alcancen a satisfacer las necesidades financieras externas. Sin embargo, plantea que la cuestión es en qué medida afectará esto a América Latina.

Es obvio que algunos países están mejor preparados que otros. Ahora bien, países que tengan grandes déficits de cuentas corrientes, que dependan del turismo y de remesas, y que tengan un acceso limitado a los flujos de capital y a la deuda pública, sufrirán de un modo considerable. Según Cárdenas, en los países más grandes con acceso a los mercados internacionales, la situación dependerá en gran medida de la capacidad de las firmas privadas de refinanciar sus niveles de deuda. Sostiene que financiar el sector público no es el problema ahora mismo; sino cómo refinanciar a las grandes corporaciones de América Latina. En este sentido, las perspectivas económicas no son para nada alentadoras. Sostiene que el suministro de crédito para la región podría caer todavía más a causa de las crecientes presiones a la posición capital de los bancos principales.

Los problemas de liquidez en el mercado interbancario global siguen siendo hoy un obstáculo para que los bancos financien más activos, y más cuando, al mismo tiempo, se ha generalizado la restricción de los estándares de crédito. En cuarto lugar, Cárdenas deja entrever que a las economías latinoamericanas no le quedan municiones, porque la capacidad de los bancos centrales de recortar las tasas de interés y de los gobiernos proporcionar un mayor estímulo fiscal es ya muy limitada.

Si bien sabemos que la economía mundial no se recuperará pronto y que los flujos de capital privado a América Latina seguirán  bajos por un tiempo, en estos momentos es poco lo  que pueden hacer los países latinoamericanos. El reto seguirá siendo cómo mantener los programas de estímulos, diseñar y poner en práctica idóneas estrategias de políticas económicas, solventar los actuales niveles de deuda pública y motivar la participación y expansión del crédito y la inversión privada. Quizás el principal peligro que enfrentan las economías de América Latina y el Caribe es la posibilidad de que la recesión de los países desarrollados sea más profunda y prolongada que lo previsto.

El Banco Mundial prevé que reducciones adicionales en la demanda externa implicarían menores ingresos por exportaciones; mientras, una reducción del apalancamiento de los bancos en los países de ingreso alto haría más difícil para los países de la región refinanciar sus deudas de corto plazo.   Por ello, varios países se enfrentarán a la disyuntiva de recortar aún más la demanda interna para reducir las importaciones a niveles financiables, o suspender el pago del servicio de la deuda externa, lo que podría tener graves consecuencias sobre  acceso al financiamiento. Aun cuando las economías avanzadas se recuperen antes, se prevé que durante un periodo prolongado los bancos extranjeros seguirán reticentes a asumir riesgos y a otorgar créditos.

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Perspectivas

En los países del Caribe se espera una reducción  de visitantes y de  ingresos del sector turístico, lo que socavará el consumo privado y causará  daños  a las rentas públicas. La construcción de infraestructura turística se frenará, al bajar las tasas de ocupación hotelera. Se pronostica que la producción de las economías del Caribe se estancará en 2009, tras haber crecido 3.5% en 2008, y en 2010 crecerá 2.3%, por debajo de su tasa tendencial. Los países de América Central también resultarán  perjudicados porque, como ocurre con otras economías, las remesas aportan una parte significativa del PIB. La disminución de los envíos de dinero desde el extranjero tendrá consecuencias notorias sobre el consumo privado y la inversión; así, es probable que la economía de este conjunto de países se contraiga 5%, después de un  avance de 1.7% en 2008, tasa que repetiría en 2010.

La cifra

2.1 por ciento. Es la tasa de crecimiento económico esperada en AL para 2010, según el BM. Se espera  las economías de la región aumenten  exportaciones, reciban entradas de capitales y reduzcan el déficit de  cuentas corrientes