La economía de México, la mayor preocupación

México puede estar de moda entre los inversionistas. Pero si alaba el país entre la educada sociedad mexicana podría correr el riesgo de pasar por un mal momento.

Ciertamente, la agenda de reformas del presidente Enrique Peña Nieto obtienen altas calificaciones en lo que se refiere al concepto, pero una baja calificación en la práctica. De sus cuatro iniciativas más importantes, los detalles de la reforma de telecomunicaciones aún se están elaborando, en la educación por igual, la reforma fiscal fue decepcionante, y todavía no conocemos el marco de la reforma energética.

No es de extrañar el comprensible escepticismo, entonces, de la mucha conversación local – incluso si la intensidad de esa conversación ha significado ignorar otro problema que no ha ganado la discusión que merece.

En los últimos 20 años, la manufactura de EEUU y la mexicana se han vuelto cada vez más estrechamente entrelazadas. La reubicación de las cadenas de suministro de América del Norte procedentes de Asia sólo ha acelerado el proceso. De hecho, esa es una razón por la cual la inversión extranjera se ha volcado en la manufactura mexicana. Sin embargo, ¿están los sectores industriales de México y EEUU tan estrechamente vinculados como muchos creen? Quizás no. Desde finales del año pasado, los dos sectores han comenzado a divergir, con EEUU superando a México.

Entonces, no está claro por qué ha sucedido esto. Podría ser debido a que la robótica ha hecho extracompetitiva la manufactura de EEUU. Podría deberse a que los costos de transacción mexicanos -desde la seguridad hasta la logística- son mucho más altos que en EEUU. O más simplemente, puede deberse a que el gas de esquisto ha dado a la manufactura de EEUU una poderosa ayuda. Los precios de la energía en México son hasta un 40% más que los de EEUU.

Cualquiera que sea la razón, la divergencia ayuda a explicar por qué el crecimiento de México ha sido tan mediocre este año.

De cara al futuro, también es un signo preocupante de la menguante competitividad mexicana. Esto es particularmente preocupante, ya que significa que la reubicación industrial desde Asia podría terminar en EEUU y no en México, socavando así el “renacimiento industrial” del país.

Una de las maneras más obvias para corregir la divergencia e impulsar la competitividad de México sería proporcionar un mayor abastecimiento de energía local más barata. Tanto más urgente, entonces, para que Peña Nieto apruebe e implemente una reforma energética de gran alcance para final del año.