La entrevista de Univisión

Lucía contrariado el Presidente. Durante los pocos minutos de la entrevista se le vió tenso el rostro. A pesar de la facilidad con que le brota su innata jovialidad, ahora pudo notarse que la primera sonrisa apareció luego de que, enterado de que el periodista proponíase entrevistar a líderes de la oposición, le sugirió una de las preguntas que debía formularles. En ese momento sonrió el Presidente, y la sugerencia produjo hilaridad a sus servidores presentes.

Era la entrevista concedida por el mandatario al periodista Jorge Ramos, de Univisión, un canal radicado en Miami que transmite para 40 millones de hispanos en Estados Unidos, y para trece países de la región. Puede decirse que la entrevista dejó lecciones hasta para casi todos los entrevistadores locales.

Aquí, en diez minutos de entrevista, se consumen por lo menos tres en la disertación previa del entrevistador. Ramos hizo alrededor de 14 preguntas.

Pareciera que los entrevistadores locales no han visto la forma de trabajar de Larry King, de CNN, o la del conductor del programa La Noche Abierta, de Televisión Española. Por cierto, en ese participan tres estudiantes de periodismo que al final deben sugerir el título para la entrevista, si fuera a publicarse en medios escritos.

Más que la entrevista en sí, ha causado revuelo la difusión de la pregunta sugerida para que el periodista Ramos la formulara a los líderes de la oposición.

Entienden algunos que ha actuado mal el periodista, porque eso ocurrió “después de la entrevista formal”. La pregunta debe ser, si es malo la difusión señalada, o lo son los términos empleados por el Presidente para su sugerencia.

Esto tiene similitud con la homilia del P. Milton, de Gurabo. ¿Es malo que el párroco le recordara al mandatario una promesa, que parecía solemne, ya para entonces incumplida, o lo es el incumplimiento de la promesa?

Puede hacerse un ejercicio de ociosidad imaginándonos que “después de la entrevista formal”, el Presidente hubiera dicho, por ejemplo: 1. Cancelé mi viaje a Bolivia para no encontrarme con algunos de los Presidentes que asistirán; 2. Trataré de que la Constitución sea modificada nuevamente, para que la repostulación sea posible todo el tiempo. ¿Hubieran sido, o no, informaciones válidas para se divulgadas, o no debía hacerse porque ya “la entrevista formal” había terminado?

Las reacciones oficiales a la situación se explican. Lo usual ha sido que los periodistas le pongan la bola “de güebita” al Presidente para que la batee. Por eso, el estilo de Ramos debió ser “molesto”. Pareciera que nadie en el Palacio sospechó por dónde venía el visitante, pero quedaron satisfechos con Ramos, al punto de pasearlo en tour por la casa de Gobierno y recomendar el Presidente llevarlo a cenar.

El trabajo de Jorge Ramos como entrevistador es ampliamente conocido. En su área tiene acabada formación profesional. Entre sus experiencias está la de haber entrevistado a 60 presidentes de varios países, Estados Unidos incluido.

Es sagaz y directo. Dice que no va a ninguna parte a preguntar por la salud del Presidente, o por su familia. Siempre trata temas que entiende son noticias de la cotidianidad del país visitado. Ha escrito varios libros relativos a su profesión y a su forma de ejercerla.

Ahora bien, las consideraciones de unos y otros respecto del uso dado a lo grabado “después de la entrevista formal”, deben tenerse como todas válidas. En el periodismo, como en otras profesiones, la ética es elástica. Por eso puede acomodarse.