La epidemia de los cuasifiscales en América

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
Invitados por el Banco Central, la pasada semana se reunieron en la capital dominicana importantes profesionales de gran reputación y conocimientos en sus países, para dar a conocer las experiencias de cómo se han manejado las crisis provocadas por los déficits cuasifiscales, de los cuales ningún país de América Latina ha estado a salvo de ese mal endémico y de difícil erradicación.

Los profesionales, junto con los dominicanos llegaron desde Chile, Bolivia, Venezuela, Costa Rica, México, España y de Estados Unidos en la persona de un importante y capaz funcionario del FMI. Este sin dudas contribuyó a llevar un alivio y esperanza de que las medidas adoptadas por esos países están contribuyendo a encajonar el déficit cuasifiscal de cada nación en un sendero controlable y sujeto a correcciones que vaya dictando la experiencia de cada Banco Central frente a una crisis de extraña incubación y posterior explosión endémica, sin señalar los culpables.

Los excelentes profesionales, que ofrecieron sus experiencias y la forma de cómo en sus países se han manejado las crisis financieras, partieron con decisión para enfrentar el problema existente de grandes déficits, que hizo tambalear las economías de esas naciones y de otro que no estuvieron en el seminario, pero que también atraviesan procesos de ordenamiento a largo plazo para que los bancos centrales no colapsen, y por consecuencia, sus países no caigan en la bancarrota y en el descrédito.

Desde los inicios de la década de los 80 del siglo pasado, países como Chile, iniciaron con valentía el ataque de una situación, patrocinadas por grandes gastos, fruto de un extraño contubernio de voraces banqueros y políticos rapaces, populistas y corruptos que se precipitaron en una loca carrera de acaparar dinero. Ellos violaron todas las reglas de moral y de conducta humana correcta y así dejaron maltrechas las economías nacionales y los países desbordados por tremendas deudas de muchos billones de dólares. Ese fue el caso mejicano, en que el inefable FMI, apareció como el salvador con sus medidas severas de restricciones y ahogadoras de las clases sociales de menos ingresos, con un aumento de la pobreza y mayores calamidades sociales.

En el problema de los déficits cuasifiscales el dominicano fue de gran impacto, cuando en el 2003 el país se estremeció con la quiebra fraudulenta de tres bancos, mal manejados por sus principales accionistas y de un complaciente gobierno que se beneficiaba de esa dilapidación del dinero de miles de clientes. El dinero desviado iba a parar a fabulosos proyectos inmobiliarios, en el mejor de los casos, pero otro iba a villas fastuosas en el país o en el exterior y en la adquisición de yates, aviones y automóviles de lujo. Fue un derroche increíble en que solo un banco acusó un faltante de más de $55 mil millones de pesos. De esa manera la economía colapsó a mediados del 2003. Se inició una carrera loca de la tasa de cambio, aumento incontrolable de la inflación y empobrecimiento general. Afortunadamente el país experimentó un cambio radical a partir de agosto del 2004 para iniciar su recuperación gracias a la capacidad y seriedad con que el Banco Central asimiló su reto y responsabilidad. En dos años ha logrado apuntalar un crecimiento económico de gran magnitud, superior al 11%, estabilidad en la tasa de cambio y reducción notable de las tasas de intereses activos y pasivos.

De los déficits cuasifiscales latinoamericanos se desprenden muchas lecciones. La más interesante es ver cómo casi todos los países de este continente, en la década del 1970, tenían niveles de desarrollo y de crecimiento muy superior a la mayoría de los de Asia con excepción al Japón. Los países asiáticos estaban sumidos en la pobreza, o dominados por doctrinas políticas de izquierda, que iban a contrapelo de lo que ocurría en otros continentes, incluyendo el americano.

Pero en el inicio del siglo XXI encuentra a los países de América Latina en la retaguardia del desarrollo de los similares asiáticos que experimentan índices de desarrollo económico y humano por encima de lo que ocurre en este continente. Naciones como China, Taiwán, Vietnam, Malasia, Indonesia tienen índices de crecimiento que dejan muy atrás a los latinoamericanas, hundidas en manos de los políticos y banqueros corruptos en donde los niveles de corrupción hacen desviar una buena parte del dinero que teóricamente estaba destinado al desarrollo nacional. Ahora tenemos la vergüenza, de cómo naciones asiáticas, que hace tan solo 30 años eran más pobres que las latinoamericanas, son las que vienen a socorrernos con sus ayudas, en forma de donaciones y préstamos a intereses blandos. Hasta aportar un asesoramiento y ayuda económica de gran magnitud para elevar los niveles educativos y de salud como lo hacen los japoneses y taiwaneses en el país.