La escasez se está hacienda una forma de vida en Venezuela

La economía está en auge, pero los controles de precios y los subsidios a alimentos básicos han provocado escasez, reporta Hal Weitzman. Ysacar Morales y su padrastro Daniel están sentados al frente de su casa en San José Cotiza, un barrio pobre del centro de Caracas, recordando la carne de res y los frijoles negros.

“Desde febrero no hay carne en las tiendas”, dice Ysacar, de 15 años. “Y los frijoles desaparecieron hace algunas semanas”.

La escasez de esos productos constituye un síntoma de una economía distorsionada por restricciones en la tasa de cambio, controles de precios y subsidios. Otra es el consumismo feroz, alimentado por transferencias de efectivo a los muy pobres y el gasto desenfrenado gasto de los ricos.

El resultado es que mientras los de más arriba y los de más abajo se han beneficiado, los clase media pobre y más baja están sufriendo la escasez y la inflación.

Ysacar y Daniel no culpan al presidente popular de izquierda Hugo Chávez por la escasez. Pero Daniel, mesero de un restaurante, critica al gobierno.

 “Vamos hacia una situación como la de Cuba”, dice. “La escasez se está convirtiendo en una parte normal de la vida”.

Luis Rodríguez, de la Asociación Nacional de Supermercados advirtió el mes pasado que las reservas de productos básicos habían caído hasta un 35%

Esos déficits han estado acompañados de un auge en el gasto de los consumidores. En años recientes hemos estado entre las economías de más rápido crecimiento en la región”, dice Ricardo Gutiérrez, el pro-chavista jefe de la comisión del Congreso para el desarrollo económico. “También tuvimos una redistribución masiva. El resultado es un consumo más alto, de bienes de consumo y alimentos”.

La escala de la distribución mediante subsidios y transferencias directas de efectivo es innegable. Los últimos tres años, los ingresos reales de los venezolanos más pobres –58% de la población– han subido 130%, de acuerdo con Datos, una compañía de investigaciones del mercado.

Al mismo tiempo, los controles al cambio de divisas y la inflación han provocado un visible consumo entre los ricos. El espectáculo frente a Super Autos, un vendedor minorista de carros de lujo en Las Mercedes, presenta dos Hummers fabricados en Estados Unidos, con precios en la etiqueta de 400 millones de bolívares (US$186,000, _139,000, £95,000).

 “La demanda de los vehículos más caros […] supera ampliamente el suministro”, dice Ricardo Díaz, gerente del establecimiento, el mayor importador de Hummers en Venezuela, con ventas entre 30 y 40 unidades al año. “La escasez y la inflación significan que tan pronto como usted sale manejando un carro del salón, inmediatamente aumenta el valor”.

Díaz dice que la mayor parte de la demanda viene de los altos funcionarios civiles. Después que uno de los asesores de Chávez criticara el mes pasado el número creciente de funcionarios que conducen vehículos de lujo, Luis Acosta Carlez, el gobernador pro-Chávez del estado de Carabobo, se quejó: “¿Los revolucionarios no tienen también el derecho a tener un Hummer?”

El consumismo creciente, unido al fuerte incremento en el gasto del gobierno ha alimentado la inflación: desde que Chávez tomó el poder hacer ocho años, los precios se han incrementado en un promedio de 19.3% al año. Venezuela tiene la inflación más elevada que cualquier otro país  de América Latina y está entre los más altos de las economías emergentes.

Para ser justos, las tasa de inflación en la década anterior a que Chávez fuera electo, eran mucho más altas, con incrementos en el precio promedio anual de más de 52%, aunque empezaron a caer con fuerza en 1996, dos años antes de que ocupara el cargo.

El gobierno vende alimentos baratos a través de Mercal, una red de tiendas subsidiadas, pero la demanda es muy superior al suministro.

Las medidas anti-inflacionarias recientes incluyen bajar el impuesto al valor agregado de 14% a 11%, con planes de reducirlo a 9%, a partir de julio. A partir de enero, también revaluará la moneda, con la eliminación de tres ceros al bolívar. La semana pasada, PDVSA, la compañía petrolera estatal, inició una venta de bonos denominados en dólares estadounidenses de US$5 millardos para ayudar a barrer parte del exceso de efectivo. 

Mientras tanto, Ysacar compra carne en el mercado negro. “Oficialmente […] la carne cuesta B$900 el kilogramo”, dice. “Pero no hay ninguna carne en las tiendas –los carniceros preferirían venderlo en la calle a B$4,500 el kilo”.

VERSION IVAN PEREZ CARRION