La escoba política

EMMANUEL RAMOS MESSINA
Dicen que nuestra República nació con un pecado original. Hay buenos argumentos para probarlo y por eso en mi pecho llevo esa mancha indeleble, genética y bíblica. Dicen que cargamos la momia, la mortaja de una República fallida y agregan que son falsos todos los maquillajes, las arquitecturas, los adornos y que, tras el telón está la fea verdad, la que por pudor escondemos…

Aunque yo compartía esas ideas de nuestra realidad, sucedió que una vez en el extranjero, tras cinco años de ausencia, oí las notas de nuestro Himno y en un rinconcito vi mi bandera; y tras un pálpito se me zafaron unas lagrimitas (a veces la historia cambia por simples romanticismos). Días después, ya aquí, abracé a los míos y vi en sus ojos sus paludismos y sufrimientos, porque ellos y todo el pueblo habían cometido el pecado capital de ser pobres. Ya lo dije que nuestra República había nacido con un pecado original. Sí, y cuando los abracé como dije sentí sus harapos, sus costillas secas y vi su colador de café seco, reseco, y de azúcar prieta ni boronas; y desde ese momento sentí la mancha negra del pecado nacional y un furioso deseo de liberarnos de su maldición…

Comprendiendo mi responsabilidad histórica, de inmediato, donde el pulpero, compré una escoba mágica de guano de cerdas tercas y comencé a barrer nuestra galería, sala, cocina, closets, naftalinas, telarañas, pestes y casi todo; y después pasé a la calle y al vecindario; desholliné donde hacen las leyes al vapor y los barrilitos pecaminosos; barrí donde dictan las sentencias tardías asustadas y hasta el palacio, cabeza de Medusa y epicentro de todo, y con nariz tapada y con cloro puro retrocedí y limpié las negras manchas y sombras de nuestra historia pasada. Después, rescaté del olvido el busto de Juan Pablo Duarte, el trinitario, el de los ojos ilusos y cansados de llorar; y para completar, pronuncié en alta voz el nombre de mucha gente ilustre y el de patriotas, y vi cómo esa simpleza y osadía despertó muchas vergüenzas dormidas; y así la República, oliendo a ropa limpia y recién planchada, estaba lista para arrancar y escribir su nueva historia, pero…lamentablemente la osada escoba y su dueño fueron fusilados acusados del delito de intentar barrer el pecado original… y porque al barrer se olvidaron de barrer las armadas fuerzas brutas…