La esperanza: el ancla del alma

Es en este tiempo, de forma particular, donde podemos ser atrapados por pensamientos errados, que nos conducen a la tristeza, a la depresión y, peor aún, a tomar decisiones erradas.

Es tiempo donde el consumismo y las demandas sociales agudizan su accionar, atrapando a las personas influenciables, con este tipo de demandas irracionales y sin fundamento.

Creo con firmeza que las cosas tienen que cambiar, que los valores y las necesidades que surgen de nuestros corazones deben tener como parámetro un esquema distinto. Es ya un imperativo romper con el sistema de este mundo, cada vez más acelerado y desenfocado.

La Palabra del Dios Creador dice que le encomendemos a Él nuestro camino, que en Él confíemos y que, sin duda alguna, Él hará.

No podemos tomar en nuestras propias fuerzas las cargas de esta vida. Nos sacarán del juego, nos tirarán al abismo.

Tenemos que creer que es Dios el que va a deshacer el problema, que es Él que, en un de repente, destruirá la causa de tu tristeza, pero estás llamado a creerlo antes de verlo, apropiarte de tu liberación, a vivir lleno de gozo, porque sabes que todo está bien, que tu Padre Celestial tiene un plan para ti, ya que abrirá puertas, hará sendas en las aguas profundas, aunque no estés viendo sus huellas.

Levántate en este tiempo y marca una diferencia. Escapa por tu vida, destruye patrones antiguos y de la tradición que, de generación en generación, se han transmitido.

Que en los días por venir medites en la esperanza, que está delante de los que consideran añadidura las cosas de esta tierra y han colocado lo eterno como lo de mayor valor, en sus vidas. Esa esperanza es un ancla para tu alma.