La esperanza es lo último que se pierde

“Encuentran muerto un boricua en Santiago”. “Matan de tres balazos en la espalda abogado en La Romana”. “Oficiales investigaran muerte traficante haitianos”. “Encuentran muerto hombre en presunto ajuste de cuentas”. “En Barahona muere hombre recibió balazo durante protesta por apagones”. “Dejarán preso a acusado de matar a hijo de diputado”. “Hombre mata a su concubina”.

Estos son titulares de algunos medios informativos que reflejan la realidad que vivimos los dominicanos, y no dominicanos. Ricos y pobres. Los que están en el gobierno y los que no.

Más angustiante no puede ser. Esto unido a las tandas de apagones, a la carestía de los alimentos,  las amenazas de huelgas. Los dominicanos estamos hastiados. Nos sentimos inseguros, desprotegidos. Cada quien la tira a su conveniencia.

No se ven avances por ningún lado. Reuniones van y reuniones vienen.  Cumbres, comisiones, diálogos y no se resuelve nada.  Absolutamente nada.

Se invierte más tiempo en acuerdos partidistas que apuntalan a beneficios de unos pocos, que en ponerle ganas a enfrentar la situación que nos arropa.

Y el país a la deriva.  Pero no es hoy ni en este Gobierno.  Es  una tradición que data de mucho tiempo atrás.  Es, desafortunadamente, nuestra penosa idiosincrasia.

¿Cuántos gobiernos no han pasado prometiendo resolverán el problema energético?  Y cuántos avances se han visto en ese sentido?

Aun así, los dominicanos seguimos esperanzados.  Si hay fe, hay esperanza.  Lo que falta es gente de buena voluntad.  Dirigentes que piensen en la colectividad. Ojalá nuestros dirigentes, y los que aspiran a dirigirnos, a propósito del nuevo año se tracen una meta: deponer sus apetencias particulares y anteponer las necesidades de este pueblo,  tantas veces engañado.