La estatua de Juan Marichal

VIRGILIO ÁLVAREZ BONILLA
El sábado 21 de mayo a las tres de la tarde (hora de California), seis de la tarde de Santo Domingo, quedó desvelada la monumental estatua de nueve pies de altura que se levanta en la parte posterior del jardín derecho del moderno parque SBC Park, hogar de los Gigantes y enclavado en la hermosa bahía de la ciudad de San Francisco. 

La escultura, que exhibe al astro dominicano Juan Marichal en su característica forma de lanzar con la pierna izquierda a la altura de su cabeza, estilo único que nunca más pudo ser imitado, es parte de otras dos similares, que a manera de permanente homenaje se dedican a los tres jugadores más importantes de esa franquicia del baseball desde que la misma fue trasladada a la ciudad californiana desde su sede original de la ciudad de New York a mediados de la década de los cincuenta.

Marichal comparte ese honor con otros dos grandes “Gigantes”, el superbo Willie Mays y el estelar jugador sepia Willie Macovey. La carrera de Marichal con los Gigantes de San Francisco duró catorce años; una grave lesión crónica es su espalda limitó al muchacho nacido en Laguna Verde, Montecristi, a una carrera que pudo ser mucho más prolongada, dado que su brazo de lanzar nunca sufrió molestias. Pero ese tiempo fue más que suficiente para que el lanzador criollo impusiera su calidad en la gran carpa; sus 238 victorias con ese equipo así lo confirman.

La historia de Marichal como atleta del box nace en su pueblo natal, jugando pelota con el equipo local y luego con la selección de la región.

Fue escogido por la entonces Aviación Militar Dominicana para formar parte del equipo amateur de aquella institución armada, desde allí firmado por Horacio Martínez pasó a lucir ya como profesional la franela de los Leones del Escogido y al equipo de novatos finca de los Gigantes. Marichal ingresó a las ligas mayores tal como salió, por la puerta grande lanzando juego de un solo hit frente a los Filis de Fladelfia en la primavera de 1960, a su debut siguieron una serie de gloriosos episodios que con letras de oro escribiera el entonces “Dominican Dandy”. El no hitter lanzado en 1963 contra los otrora Colts 45 de Houston, el memorable juego de 16 inings ganado al super estelar zurdo de los Cardenales de San Luís, Warren Span, su participación en los juegos de estrellas cuya efectividad fue insuperable, las seis ocasiones de 20 o más victorias fueron únicas en la década de los 60. La gloria de Juan es indiscutible dentro del terreno del juego, su participación en Series Mundiales, fue efímera, cuatro inings en blanco y dos ponches al grandioso Mickey Mantle, antes de sufrir una absurda lesión en un dedo tratando de tocar la bola con la cuenta de dos strikes por mandato de su manager Alvin Dart. Su consistencia y sus logros le valieron el mayor de los reconocimientos que un pelotero pueda tener, en 1983 ocho años después de su retiro definitivo fue escogido al Salón de la Fama del Baseball en Cooperstown, meca absoluta del baseball. Ya antes había ingresado a los salones para famosos pertenecientes a los Gigantes de San Francisco y a nuestro país.

Juan Antonio Marichal Sánchez ha sido sin dudas el atleta de baseball más famoso del nuestro país, ejemplo para nuestra juventud e imperecedero para aquellos que tuvimos la suerte de vivir sus proezas. Juan es además un caballero fuera del terreno de juego, su matrimonio de más de cuatro décadas con la bella y sutil dama Alma Carvajal le ha dado seis hijos y ya múltiples nietos, de Rossi, Elsie, Ivette y Ursula. Charlyn y Juan Antonio el benjamín que es mi ahijado todavía están solteros pero todos forman una hermosa familia, que es el fruto premiado por Dios a esa pareja ejemplar.

Tengo la suerte junto a mi esposa Rosa María de compartir con Juan y Alma una vieja y sincera amistad, la cual a través de los años se ha forjado en fraternos lazos familiares, le he acompañado en sus éxitos y en sus momentos difíciles, él ha correspondido siempre de igual modo, por eso sentimos estos momentos felices como propios. Juan como humano tiene defectos al igual que todos, pero sus virtudes los superan por mucho. ¡Felicidades, Juan!, tu inmortalidad quedó plasmada en escultura.