La eterna discrepancia

Palabras y hechos son en nuestro medio, en lo que concierne a cumplimiento de compromisos, dos elementos en permanente discrepancia, que no llegan a corresponderse.

Una vez más se echa en cara de las autoridades sanitarias, y no sin razón, el hecho de no haber establecido concordancia práctica entre la palabra empeñada y los acontecimientos. Es decir, entre los hechos y nuestra promesa de reducir en un 75% la tasa actual de mortalidad materna, que fue un compromiso formal.

John Gagain, director ejecutivo de la Comisión Presidencial sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (COPDES), toma para justificar su reprimenda el fallecimiento de cuatro madres en San Juan y Elías Piña por causas que pudieron ser evitadas. A su juicio, esas muertes deberían avergonzar a las autoridades de Salud Pública.

–II–

Pero los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el fallecimiento –evitable– de cuatro madres no son los únicos casos en que predomina una perenne rivalidad entre el discurso y los hechos.

En toda su plenitud, la seguridad social continúa siendo la parte del discurso desmentida por los hechos, pues, como hemos dicho y reiteramos ahora, no ha habido la voluntad política suficiente –y no nos importa qué significa realmente “voluntad política”– para vencer los intereses particulares que impiden el avance de estos planes que, desde luego, también permitirían mejorar nuestros índices de preservación de las vidas de parturientas.

Desde hace decenios estamos oyendo el discurso que promete disminuir la mortalidad materna e infantil. Desde hace decenios, también, hemos estado observando cómo los hechos desmoronan los argumentos del discurso. John Gagain, por tanto, no ha descubierto nada nuevo, aunque no se puede negar que ha dado en el clavo.

–III–

Estas muertes evitables que sirven de argumento para una reprimenda a las autoridades sanitarias no son, tampoco, el único elemento que justifique un tirón de orejas.

Ya hemos visto cómo en el hospital Luis Eduardo Aybar, en un edificio en construcción, están almacenados equipos importantes que deberían estar contribuyendo, allí o en cualquier otro hospital del Estado, a la preservación de la salud de miles de dominicanos. Contradiciendo cualquier discurso, están allí, a merced de la esperanza de que aún estén en buenas condiciones expresada recientemente por el secretario de Salud Pública.

No son las cuatro parturientas muertas por causas prevenibles ni el almacenamiento inadecuado de equipos clínicos valiosos. Es toda una conducta de mucho tiempo la que da vigencia a esa contradicción perenne entre los dichos y los hechos.