La fábula del perfecto especialista

Los primeros médicos veían al ser humano en forma integral y establecían una correlación entre la naturaleza, el espíritu y el cuerpo, utilizando métodos de curación que ligaban la tríada.

Hoy la división es tan compleja porque a cada paso se saben o aprenden más cosas sobre elementos cada vez más pequeños del ser humano.

En forma jocosa se habla del especialista de los pies o podólogo que, a su vez, se subdividiría en el del pie derecho y el del pie izquierdo, con una sub-especialidad para las uñas, dependiendo del dedo, para llegar al término “Especialista en uñas del dedo gordo del pie derecho”.

Cuenta la fábula que un investigador fue visitando especialistas y sub-especialistas y encontró que cada uno tenía grandes cantidades de volúmenes, revistas, discos compactos y películas de cada uno de sus temas de especialización, pero notó que a medida que su pericia abarcaba una parte más pequeña del cuerpo humano su biblioteca era más grande concluyendo que un especialista era “quien sabía mucho sobre poco”, comprobando que, por ejemplo, un cardiólogo tenía menos libros que un angiólogo (venas y arterias) porque para saber de lo pequeño tenía que haber aprendido lo grande.

El investigador llegó a un lugar inmenso, con documentos y material de estudio que nadie jamás recopiló y preguntó quién era el dueño y le dijeron: “El perfecto especialista”, aquel que “lo sabe todo sobre nada”, ya que cuando las cosas van empequeñeciendo se convierten finalmente en “nada”.

A seguidas preguntó: ¿Cómo se llama? Le contestaron: “Dios” y de inmediato comprendió por qué le fue tan fácil hacer el mundo “de la nada”.