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La “Falacia del aborto”

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Por: Julio Vargas

A propósito de que los diputados nacionales aprobaron la semana pasada el proyecto de modificación del Código Penal Dominicano, y que este ahora debe volver al Senado para que allí se conozca de nuevo la pieza sobre la cuál nuestros senadores deben emitir otra vez sus juicios respecto a si se permite o no la interrupción del embarazo vía las tres causales que son: 1) cuando la vida de la madre o el feto peligra, 2) cuando el embarazo es producto de violación o incesto y 3) cuando el feto presenta alguna deformación o incompatibilidad con la vida, me pregunto si la discusión habrá caído una vez más en el “Postergamiento legislativo” o si por el contrario la decisión de los diputados forzaría al Hemiciclo a no seguir radicalizando el tema.

Tras meses de seguimiento a los debates sobre si permitir la interrupción del embarazo o no en el país, ya sea regido por ciertos parámetros o de manera pura y simple y lejos de las posiciones extremistas del sí o no. La decisión de los diputados de aceptar el aborto cuando peligra la vida de la madre y del bebé me parece una vía de escape al tema, escogida para legitimizar una circunstancia a la que ya se venía dando respuesta en el país y que busca dar consuelo a casos como el tristemente reconocido hecho de “Esperancita”, aquella adolescente que en 2012 murió por no recibir un tratamiento contra la leucemia poque estaba embarazada e iba a afectar a su bebé.

Sin embargo, en esta ocasión no intentaré establecer cuál de los dos extremos está en lo correcto, y es que precisamente esa es mi motivación para escribir sobre el tema, la discusión se ha centrado en eso, en cuál de las dos posiciones es la de la razón.

Al escuchar los argumentos de los “Provida” y de los “Procausales” no puedo evitar pensar en la “Falacia del falso dilema” en el que se presentan dos opciones como las únicas alternativas de solución a un problema o situación específica.

Tras analizarlo detenidamente podremos llegar a la conclusión de que ambos razonamientos están en lo correcto y a la vez se equivocan, pues reducir el tema de la interrupción del embarazo a un concepto tan fundamental como la vida misma en una sociedad como la de hoy en día es simplemente un error.

En una sociedad lógica y racional, como a la que por lo menos aspiramos a ser, encajonar el tema del aborto a la posición de la ciencia contra la posición de la religión no es la manera más eficaz de enfrentarlo para ningún Gobierno.

Desde sus inicios como ente pensante, el ser humano ha recurrido a sesgos cognitivos que le ayuden a aprobar un pensamiento del que está convencido que es correcto y para esto no solo suele utilizar la falacia del falso dilema, sino que, también emplea la falacia “ad ignorantiam”, que da por verdad a un hecho solo porque no se puede demostrar su falsedad, la falacia de la “Generalización apresurada”, que no se fundamente en datos suficientes y busca la generalización de estereotipos, las falacias del “Hombre de paja”, que tiende a exagerar de manera negativa el argumento del contrario y la “Ad hominem”, que, a grandes rasgos, busca denigrar y ridiculizar a quien fija una posición contraria mas no a sus argumentos.

Todas las falacias mencionadas se pueden identificar en el “Debate” de sectores nacionales sobre el aborto, pero en retrospectiva y partiendo de la cosmovisión sobre el tema, es fácil identificar la necesidad de ir más allá de los argumentos actuales para apoyar o no a un sector o a otro, pues los factores como la falta de cifras confiables de abortos clandestinos en el país, la falta de cifras confiables de interrupciones del embarazo en clinicas y hospitales del país realizados conforme a los parametros de la ética, la moral o la justicia e incluso los tabues que socioculturalmente rodean al tema en la actualidad, hacen que sea muy dificil establecer un punto medio desde dónde se pueda partir.

No obstante, reconociendo los efectos de esta falacia del falso dilema, se puede inferir que el tema debe analizarse desde la perspectiva que más convenga al colectivo social nacional. Son nuestras autoridades, esas que están llamadas a legislar por el bien de todos, las que deben establecer ciertos parámetros para la discusión inicial lejos de la religión y hasta la ciencia -escenarios que no se han planteado-, un buen inicio podría ser despojarse de prejuicios y pasiones para hablar del tema para luego organizar a los involucrados y determinar si otorgar a esta acción (la del aborto) métodos y procesos es conveniente para el Estado, preguntándose si ¿Se podría generar impuestos a raíz de este proceso? ¿Se podría controlar la cantidad de procedimientos abortivos? entre otras.

Probablemente, si consideramos escenarios extranjeros, las respuestas a todas las interrogantes serían que sí, pero estas soluciones no serían suficiente en una sociedad que no utiliza la lógica y se deja llevar no tanto  por su fe per se, sino por su cultura de fe, como la de República Dominicana.

La interrupción voluntaria del embarazo es una realidad con la que tarde o temprano tendrán que lidiar directamente nuestras autoridades y la pregunta es ¿Por qué no hacerlo ahora que aún no es un problema? tal vez, de manera imprudente e irreverente me atrevería a proponer a nuestras autoridades legislativas que presenten al pueblo la oportunidad de decidir y/o que hagan un reglamento especial para estos procesos en el que se indique claramente que una de las causales, aceptadas incluso por organismos internacionales de derechos humanos, deben ser reconocidas previamente por las autoridades, que estos procesos sean realizados por ley en instituciones centralizadas del Estado para un mayor control y que sean estudiados previamente por una comisión ética conformada por representantes del Ministerio Público, el Ministerio de Salud pública, la Corte Internacional de los Derechos Humanos, la Religión a la que pertenezca la mujer (salvo que ésta no pertenezca a ninguna religión) y la embarazada que quiera abortar, para que esta presente su caso, justifique una de las tres causales y que en un plazo no mayor de 15 días tenga la decisión final.

Pero para esto tenemos que dejar a un lado prejuicios, ciencia, religión, teorías de conspiración, tabúes, y radicalizaciones para de una buena vez y por todas empezar a actuar por lógica en la República Dominicana.          

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