La fama afrodisíaca de las codornices

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MADRID. EFE. Para los aficionados a la caza de pluma, y entiéndase aquí como “aficionado” no al cazador, sino al gastrónomo amante de esas avecillas, una de las piezas más agradables es la codorniz, una pequeña gallinácea migratoria que también se cría en cautiverio y que ha inspirado el refrán español que establece que “de las aves, la perdiz… y mejor la codorniz”.   

Seguramente habrá mucha gente que discrepe del refranero, porque la perdiz es un ave muy apreciada; sin duda recordarán ustedes que muchos cuentos con final feliz terminaban con aquello de “y fueron felices y comieron perdices”, frase que liga la perdiz con los más altos goces gastronómicos.

Pero las codornices, si son de las de verdad, es decir, las que provienen de la puntería de un cazador estival, son un bocado excelente.

Y muy cinematográfico, además. En el ámbito latinoamericano son famosas las codornices con pétalos de rosa que incluye Laura Esquivel en “Como agua para chocolate”, plato reproducido en la película del mismo título.

Conducta promiscua
Hay que decir que las codornices han tenido siempre cierta fama de afrodisíacas. Se la deben a la conducta sexual muy promiscua de los machos, que una vez que han cumplido sus amores con una hembra corren en busca de otra, olvidando a su primera compañera.