La fe mueve montañas, pero también ejércitos

La desastrosa situación en el Cercano y Medio Oriente es muy compleja, sus antiguas raíces se han entrecruzado y sobrepuesto con el paso de los años, han visto, no solo las luchas autóctonas, sino también, la interferencia de las grandes potencias.
A la muerte del profeta Mahoma en 632 DC, había logrado consolidar su poder sobre la península arábica; su muerte, sin embargo, planteó la sucesión de la dirección del Islam. Una parte de sus seguidores se decidió por los familiares del profeta y otra sostuvo que no era necesario ese lazo. Así quedó dividido el Islam en dos grandes grupos, los primeros que se denominan chiítas y los segundos sunitas. El cisma se consolidó después de varias batallas entre Medina y la Meca, finalmente la batalla de Kerbala lo selló definitivamente. Los sunitas constituyen la mayoría de los musulmanes.
En la actualidad los musulmanes son más de mil millones de personas distribuidos en 56 países que abarcan: África, Europa, América y Asia. Las mayorías sunitas están en Arabia Saudita, Afganistán, Pakistán, Jordania, Kuwait, Yemen, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Túnez, Catas, Libia y Siria. La chiíta en Irán, Azerbaiyán, Bahrein, Irak y Líbano.
En general, chiítas y sunitas viven en paz, no obstante, cierta animosidad aflora y origina tensión que no es de soslayar, caso de Irak, donde Sadam, sunita, gobernó brutalmente sin participación chiíta y luego de su derrocamiento siguió ese patrón; en Arabia Saudita la mayoría suníta da poca oportunidad a la minoría chiíta. Irán, donde los chiítas controlan el poder, fieramente sucede lo contrario. Este tipo de situación origina tensiones internacionales como las recientes cuando los sauditas ejecutaron un clérigo chiíta irritando Irán, creándose fuerte tensión en el área.
Los sistemas de gobierno en los países musulmanes, con pocas excepciones, han sido presididos por monarcas, clérigos, dictadores o tiranos que oprimen sus súbditos con la bendición de su religión y de las grandes potencias. El drama comienza en la Primera Guerra Mundial, cuando el Imperio Otomano se desintegró, entonces franceses e ingleses trazaron sobre un mapa las fronteras que hoy existen entre esos países, sin tener en cuenta las etnias y sus agrupamientos tribales.
Uno de los crueles tiranos fue Sadan Hussein; había tomado el poder en Iraq, siendo suníta en un país de mayoría chiíta, gobernó sin participación de éstos. Su megalomanía desbordó las fronteras de Irak; atacó Irán en una guerra de desgaste de la cual tuvo que retroceder, luego invadió Kuwait, ocasionando la guerra Tormenta del Desierto en la que los EE.UU. lograron fácilmente hacerlo retroceder. Gobernaba los EE.UU. George Horace Walker Busch. Derrotado Hussein el ejército estadounidense se retiró y permitieron que Sadam siguiera gobernando; aparentemente el presidente actuó guiado por consejo del Rey Saudita.
Al paso de unos años presidió los Estados Unidos George Walker Busch; en su gobierno ocurrió, 2001, el horrible ataque a las torres gemelas en Manhattan, N.Y., una tragedia en la que murieron más de 3,000 personas, en adición, dos ataques más tuvieron lugar causando gran indignación e incertidumbre en ese país. El presidente y su equipo decidió tomar venganza de lo hecho por Al Qaeda actuando desde Afganistán pero fijó su mira en Irak, acusándolo de tener armas de destrucción masiva (ADM). Ciertamente, no había ADM, ni Irak participó en nada. Esto fue advertido por la Agencia Internacional de Energía Atómica, AIEA, en boca de su director general, Mohamed ElBaradei, quien presentó en las Naciones Unidas repetidos informes de inspecciones a Irak, en los que afirmó no haber encontrado ADM. El gobierno de Busch ignoró los reportes y continuó adelante con la invasión de Irak. Ésta, su ocupación y eliminación de su ejército, marcan una divisoria, con visos de causa-efecto en el presente debacle de los Cercanos y Medio Orientes. La pacificación de esa región ha costado miles de vidas, billones de dólares y el tinglado en vez de simplificarse parece cada vez más complicado. Las migraciones que ha originado son extraordinarias y los actos de terrorismo individual o de grupos de pocas personas que causan intranquilidad en los países europeos y los Estados Unidos.