La “fiebre” del queso hispano

Nuestros “quesos de estilo”, es decir, aquellos procesados y fabricados en este país, pero conservando la hechura tradicional de la forma y del sabor, han capturado el gusto del mercado latino. La demanda de quesos criollos se ha disparado, y con ella la variedad en las propuestas y sabores: con loroco -flor comestible originaria de Centroamérica-, con chile -ají-, ahumado, para freír, para fundir, fresco, seco blanco, etc.

Este alimento, excepcionalmente rico en proteínas y calcio, resulta hoy indispensable en la cesta de la compra de muchas familias hispanas. Tan sólo una marca, Cacique, elaborado y procesado en EEUU, conforma un muestrario inusual, con 7 tipos diferentes: Cotija, Oaxaca, Queso Quesadilla, Blanco Fresco, Ranchero, Asadero y Queso Seco.

Son numerosas las plantas lácteas en este país -algunas de ellas netamente hispanas- que buscan garantizar la textura y los sabores de origen. En este sentido, cabe mencionar a compañías pioneras como “La Ricura”, en Nueva York, un negocio familiar ciento por ciento de capital salvadoreño, que ha captado la atención del mercado mexicano y colombiano con las marcas “Jalisco” y “El colombiano”, respectivamente.

Hoy, mexicanos, colombianos, ecuatorianos, venezolanos, centroamericanos, entre otros grupos hispanos, ven cubiertos sus gustos y preferencias en un gran número de grandes superficies en Washington, New York, Texas o La Florida.

Aunque el “mozzarella” y “cheddar” son los más populares entre los consumidores estadounidenses, la apreciación de la gama latina va en aumento.

El queso hispano está en todas partes. En poco tiempo, estos lácteos han llegado y llenado las estanterías de los “super” más concurridos por los hispanohablantes: el espacio que los responsables destinan a la exposición de marcas ocupa un lugar cada vez mayor. A este creciente valor, no es ajeno el Departamento de Agricultura de EEUU, según el cual “el consumidor promedio ingiere cerca de 30 libras de queso al año”.

“Ha subido la demanda de quesos hispanos. El queso “nica” se pide mucho. También se vende muy bien el colombiano”, afirma Jairo Villavicenco, “manager” de uno de los establecimientos de la popular cadena de supermercados Winn-Dixie.

Una mirada a sus ofertas nos descubre un abrumador despliegue de marcas y tipos: El Supremo Chihuahua, queso blanco para freír, “ciento por ciento estilo mexicano; El Cotija , seco; el Queso Nica, seco y ahumado; El Venadito, para freír, blanco; El Latino, seco, “para rallar, freír, arepas y buñuelos”; La Doña, fresco; Paisa; Don Bernardo, manchego español, semicurado; Quesos del Campo, “blanco tipo cuajada”.

María Morales, gerente del departamento “deli” de Winn-Dixie señala que “todos los días ordenamos quesos latinos, un promedio de 3 ó 4 cajas, de 20 libras cada una”.

Hallazgos como el requesón y las arepas de choclo -maíz tierno- con queso “Del Paisa”, confirman los síntomas de una “fiebre” del queso latino.

Gregoria Villa es una habitual de Sedanos, “super” de capital y alma cubana y, quizá, la cadena que mejor ha entendido la demanda de sabores hispanos. Para Villa, colombiana residente en Miami, su queso favorito es El Latino, importado de Colombia, “muy rico para freír, aunque también me gusta hervido, en el microondas, con agua y durante un minuto. Es el que más compro”, asegura.

[b]Presencia en EEUU[/b]

Pero, aunque los EEUU brindan las mayores oportunidades para la expansión y profundización de los productos foráneos, la presencia de quesos hispanos de importación es escasa. La razón es muy simple: los rigurosos controles e inspecciones fitosanitarias del Departamento de Agricultura hacen muy costosa y arriesgada la importación de estos lácteos. De modo que las compañías establecidas optan por comprar el queso y la crema en este país. Además, las leyes que eximen de aranceles a varios productos, en EEUU, no incluyen dentro de sus beneficios la variedad láctea procesada en varios países de Latinoamérica.

Compañero habitual en la alimentación de pequeños y mayores, el queso al estilo colombiano, venezolano, mexicano o centroamericano ha devenido una familia numerosa y diversa, nutrida y varia. Frente a la demostración del europeo o del americano, el de personalidad criolla y rotundo nombre hispánico va ganando terreno y adeptos.

Larga vida al prodigio de nuestros quesos, indispensables ya en la mesa de tantos hogares de inmigrantes hispanos.