La flamante Junta Central Electoral

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El bloque opositor predijo tantas desgracias al país si el Senado elegía impositivamente una nueva Junta Central Electoral, que sus gritos se diluyeron al anunciarse la composición de la nueva junta que a todos ha dejado satisfechos y a la oposición sin municiones para agitar con ese tema.
No hay dudas que el oficialismo dio un golpe de efecto al dejar al Senado a su libre albedrío para escoger a ciudadanos muy bien vistos en la sociedad y reconocidos por su trayectoria de servidores públicos. La queja de algunos opinantes independientes era que algunos de los elegidos ya están muy cansados de sus afanes burocráticos y debieron declinar. Pero los deberes con el país obligan a sacrificios que están por encima de la tranquilidad de los hogares.
Bien valió la pena todo ese proceso de escogencia con las entrevistas a los doscientos y tantos candidatos que responsablemente y esperanzados aceptaron participar en un careo muy peculiar. A veces los mismos senadores inquisidores no tenían clara las funciones para lo cual estaban interrogando a los aspirantes.
Es una lástima que el país está a expensas de un grupo opositor que no tiene conciencia de sus obligaciones para con la sociedad como tales. En todas sus participaciones afloran sus ambiciones, sus infantilismos verbales y sus egos personales que dejan poco margen para el llamado bien patrio.
Los ciudadanos que integrarán la Junta Central Electoral están todos por encima de toda sospecha de simpatías políticas definidas. Esto proporciona una gran tranquilidad a la opinión pública que tendrá de frente a la acción de personas con trayectorias de vida muy visibles. Siempre al servicio de las necesidades para las cuales han actuado en distintos escenarios de sus vidas al servicio del Estado dominicano o para el sector privado.
Los miembros de la Junta Central Electoral, que cesó el pasado lunes 21 pese a soportar en su mandato una guerrilla interna y de egos enfrentados bien definidos en sus propósitos y aspiraciones, pudo llevar a cabo una gran tarea de reforma y modernización del registro. Se le ha llevado a una etapa que ahora da gusto acudir a una de sus modernas oficinas a buscar los documentos esenciales para la vida civil organizada.
El sistema de registro electoral se ha llevado a casi una perfección según los estándares dominicanos, muy distinto a lo que aparece en otras oficinas públicas de servicio al ciudadano. En pocas horas el ciudadano logra el documento que necesita, desde una copia de acta de nacimiento hasta un certificado de defunción debidamente asentado en el sistema computarizado del registro.
La Junta Central Electoral defenestrada por el Senado deja una estela de dudas en los compromisos en adquisiciones de bienes y equipos que fueron muy cuestionados por la forma tan curiosa como se adjudicaban y se adquirían. Luego se comprobaba que algunos no reunían las condiciones exigidas para el sistema dominicano. Entonces se almacenaban y se llenaban los almacenes de equipos que pudieron haber tenido un mejor destino o no comprarse.
La adquisición de bienes y servicios en el Estado impera en la oferta de los vendedores y las necesidades de los funcionarios compradores que necesitan mejorar de vida. Eso conduce a situaciones muy delicadas de los conflictos de intereses que con tantos esfuerzos lucha el presidente Medina para implantar la transparencia en todas sus actuaciones. Pero tropieza con la necesidad imperiosa de las necesidades de gentes que a todo trance se quieren enriquecer. Y eso que están bajo la amenaza de la degradación cívica por las trabas que se han establecido para llevar limpieza a los negocios con el Estado.
El país tiene en su vitrina de la transparencia una nueva JCE en que sus flamantes integrantes sobresalen por sus cualidades. De ahí que el bloque opositor se quedó sin municiones de ataque para rabiosamente oponerse a la misma. Ahora con su artillería sin municiones se apresta a recargar para continuar en su estéril lucha de denuncias y gritos destemplados en contra de una estructura política que goza con la conducta infantil de la oposición. Y es una oposición en que sobresalen las ambiciones de sus más connotados dirigentes. Es una unidad que solo durará hasta que se decida a elegir el candidato para las elecciones del 2020 que deberá enfrentar a casi un invencible PLD bajo la égida de una JCE más confiable que la reemplazada.