La generación de los “ni-ni”

El 34% de los jóvenes de la República Dominicana ni trabaja ni estudia, según concluye el  estudio que sobre el desarrollo de la democracia, la economía y la sociedad durante el presente año realizó la Corporación Latinobarómetro,  una ONG sin fines de lucro con sede en Santiago de Chile. La organización ha acuñado la clasificación “generación de los ni-ni” en alusión al significativo porcentaje de jóvenes que ni trabajan ni estudian, un  contexto en el que nuestro país tiene un lugar nada envidiable.

 Para constatar la aproximación de estas cifras a la realidad social del país solo hay que salir a las calles, a los barrios, y ver los niveles de ociosidad de nuestros muchachos. Somos un Estado con pobre inversión en educación y en el que la falta de fuentes de trabajo resta estímulo al deseo de superación mediante la preparación académica. Somos un Estado que, por esas y otras características, tiene una alta vocación para albergar una auténtica generación de “ni-ni”,  con todo lo que ello representa para el presente y el  porvenir.

Un Estado en el que se dan simultáneamente indicadores tan contradictorios como el alto porcentaje de jóvenes que ni trabajan ni estudian y el relumbrante y sostenido crecimiento económico, evidentemente tiene que revisar los  esquemas  que haya concebido pretendiendo generar desarrollo humano y porvenir promisorio.

Duquesa: una prueba difícil

Hay dos maneras de ver el problema del vertedero de Duquesa. Una es entenderlo como un asunto de jurisdicción  municipal y la otra es concebirlo como parámetro para medir la falta de capacidad de un Estado para manejar sus problemas sanitarios y ambientales.

Resumida al ámbito municipal, la incapacidad para hacer operar satisfactoriamente a  Duquesa salpica necesariamente a un Estado que, violando sus propias reglas, retiene  fondos que debe entregar a los gobiernos municipales.

Duquesa ha sido, sin duda, una dura prueba para la administración del Estado, que maneja con indiferencia olímpica un problema ambiental y sanitario que puede convertirse en serio si se asocia a cólera, leptospirosis, dengue, malaria y otras enfermedades. Desde luego, la persistencia del problema indica que las autoridades lo siguen viendo con una lente  rosa.