La gran epístola social de Medina

El discurso de juramentación del Presidente Danilo Medina llenó las expectativas generadas entre amplios segmentos de la población y enriqueció las perspectivas de las delegaciones internacionales sobre la República Dominicana.

Fue una exposición sencilla -desprovista de rimbombancias académicas-,  claramente pronunciada, aunque con justificado nerviosismo al principio; una perorata digna para tan solemne ocasión, irradiada hacia el mundo desde el augusto recinto de la Asamblea Nacional. Alocución abarcadora de la compleja problemática social dominicana, de la cual emergieron soluciones concretas, realizables a corto y mediano plazos. Formalizar un gobierno ético, incapaz de negociar con los deshonestos, que ponga fin a la impunidad, es un desafío que afrontará a corto plazo trazando el perfil ético de su administración en la lucha contra la corrupción; destinar a la educación preuniversitaria el tan reclamado 4 por ciento del PIB, es un reto que Medina juró emprender dentro de cuatro meses, colocando la instrucción, a partir del presupuesto nacional del 2013, como el gran motor de su cuatrienio.

Eliminar el analfabetismo para el 2014, que la banca solidaria inicie  un fondo de mil millones de pesos para las familias pobres, ejecutar programas oficiales contra la violencia de género, apoyar de forma especial a las pymes con la creación de un fondo crediticio, así como reformar la Policía Nacional bajo el liderazgo del Ministerio de Interior, son tareas urgentes ejecutables a mediano plazo. Mucho más complicado será construir 18,000 aulas, crear 400,000 empleos dignos y de calidad, entregar 150,000 títulos de propiedad para el 2016, ingresar 1,500 megavatios al sistema eléctrico y sacar 1.5 millones de personas de la pobreza. Si Medina cumpliere su epístola leída ante el Congreso Nacional, pasará a la historia como el gran constructor social de la República Dominicana.