La guerra civil “nos marcó para siempre”

POR ELADIO PICHARDO
“La guerra civil de 1965 fue una especie de catarsis, indeseable pero necesaria, una vorágine que nos envolvió a todos,” reflexiona Pedro Gil Iturbides, quien fuera director del efímero periódico La Hoja, fundado durante esa revuelta militar.

Destaca que aquel conflicto que fue fundamentalmente de carácter político.

“Nos dejó grandes enseñanzas y hemos aprendido a soportar gobiernos malos, hemos aprendido que pese a todas las diferencias que puedan separarnos de un sector partidista o de una administración, hemos de convivir con ella si es elegida por una mayoría del pueblo”, lo que para Gil Iturbides es la primera gran lección derivada del conflicto del 24 de abril de 1965.

La revuelta ha marcado al pueblo “y yo diría que para siempre,” indicó.

En primer lugar, refiere, esa lección fue aprendida por las fuerzas militares dominicanas, ya que ellos sufrieron tanto como todos los demás. “Indudablemente que muchos militares estuvieron en bandos con los cuales no comulgaban. Conozco casos concretos, por confesiones hechas en plan de amigos y por eso puedo señalarlo”.

Agrega que muchos de esos militares y quienes los han sucedido aprendieron esa lección como algo amargo, que han podido transmitir a las siguientes generaciones castrenses porque en definitiva esa fue una enseñanza que ha servido a todos, a los políticos, igualmente.

Aunque es una lección que todavía no hemos logrado superar, aprendimos en buena medida que somos parte de un escenario mundial al cual no podemos rehuirle, aprendimos que muchas veces nuestras fuerzas políticas tienen que obedecer, no pueden rehuir, tienen que adecuarse a las que son presiones internacionales.

Entiende Gil Iturbides que esa fue una lección, aunque conocida, no hemos aprendido. “La hemos sufrido a lo largo de más de cien años en la República, porque lo de 1965 no es nada más que una reiteración del pasado y, en tal sentido, uno podría tal vez hacer reminiscencia con cuestiones del presente que ya no actúan con la bayoneta, pero sí recortando la soberanía de la República a través de acciones compulsivas en el orden económico, diplomático, hasta obligarnos a asumir determinadas posiciones en el plano interno.

El espíritu familiar, sostiene, me hizo asumir una determinada posición basada a través del medio de comunicación que en ese entonces edité, que también fue una especie, según explica, de necesidad de sectores de la opinión pública, que en definitiva lo que hizo fue interpretar y apoyar un sector de la población en ese momento.

Cada bando tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas, expresa, porque en República Dominicana ha sido siempre así, “si tú repasas la historia, encontrarás que en los grupos que han hecho más daño al país, había mucha gente buena y viceversa”.

En esos bandos, durante la guerra de abril también se tuvo eso. “Pero no fueron más que un retrato de lo que es el pueblo dominicano”.

Refiere que para evitar otra revuelta y continuar por el camino de la institucionalidad y el fortalecimiento de la democracia, primero que hay que saber es elegir, que se escojan debidamente los hombres sobre los cuales se confíe la responsabilidad de dirigir los destinos de la Nación.

En cierta medida, dijo, la ignorancia sobre los procederes de la acción política indujo a muchos de los jerarcas de partidos políticos de la época a inclinar a sectores de la opinión pública contra el gobierno del presidente Juan Bosch, “pero el propio Bosch en muchas oportunidades mostró una actitud altisonante que precipitó o contribuyó a que muchos de esos sectores de opinión pública actuaran contra su régimen”.

“No podemos seguir pensando, como pueblo, que el gobierno dominicano es un instrumento que está fuera de nosotros. No, ese gobierno es un instrumento que los pueblos escogen para gestionar el bien común, pero si ese instrumento no es conformado por espíritus altruistas y en cambio es conformado por espíritus egoístas, serán entonces intereses que no son los que desea la nación dominicana”.