La historia, ¡cuán difícil!

BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Farsa. Nombre dado en lo antiguo a las comedias. 5. Enre/do, trama o tramoya para aparentar o engañar. Farsante.2. Dícese de la persona que finge lo que no siente o pretende pasar por lo que no es. Las definiciones copiadas del Diccionario de la Real Academia de la Lengua son claras, no necesitan explicación. A 40 años de distancia, la Guerra de Abril de 1965, el acontecimiento histórico más importante del siglo XX en la República Dominicana, es una nebulosa difícil de desentrañar.

Muchos equivocados protagonistas y otros que no tuvieron un papel relevante, pero dicen que sí, retuercen los hechos para colarse en escenarios en los cuales nunca estuvieron.

Relatan hechos y conversaciones que sólo están en su imaginación y, de manera indefectible, ellos, como los jefes indios, sentados en el centro de la reunión.

En su pequeñez no saben que lo importante es el hecho. Que lo importante es el hombre-masa que salió a las calles a imponer respeto a sus derechos.

Lo más relevante de la Guerra de Abril de 1965 es que el pueblo, como en el tiempo de la Restauración de la República, se convirtió en protagonista de su propia vida, dueño de sus actos, que se incorporó a la historia de manera espontánea, porque había causas mayores que defender: el respeto a la voluntad popular y a la soberanía nacional.

Al final de un almuerzo en su casa del kilómetro 7 1/2 de la carretera Sánchez, decía Juan Bosch, refiriéndose al coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó: el héroe es el artista de la acción.

En una guerra la acción va desde aquellos que limpian las cocinas y recogen la basura, hasta planificadores de las acciones y sus ejecutantes.

Recuerdo aquella tarde que un combatiente contaba cómo iba a la misma altura, en la batalla del puente Duarte, que Caamaño, Manuel Ramón Montes Arache, Jorge Gerardo Marte Hernández, Claudio Caamaño Grullón y Bonaparte Gautreaux Piñeyro.

Lo interrumpí y le ordené salir de la oficina de la Presidencia y aclaré: Usted es un mentiroso. Yo no estuve en el puente esa tarde. Estaba en otro sitio.

Cuando terminé de escribir “Memorias de medio tiempo: la Guerra de Abril de 1965”, obra con la cual gané el primer concurso de la Cámara Dominicana del Libro, que versó sobre el género testimonio, busqué a Pascual, quien aún es ayudante de desabollador de carros en la calle Pina esquina Canela, donde estuvo el primer Comando Constitucionalista.

Le pregunté su apellido y, semanas después, cuando el libro estaba impreso, la primera copia la separé para Pascual Rivera.

Al entregarle el libro en la página de la dedicatoria, Pascual me miró con la limpieza de sus ojos inocentes de buen patriota y hombre de valor y me dijo con su habla de medialengua: don Gautreaux, dígame lo que dice, que yo no sé de letra.

¡Cuan satisfecho estoy de haber dedicado el libro a ese hombre sin brillo social, sin escolaridad, de gran espíritu cívico y arrojo patriótico, con estas palabras:

“A Pascual Rivera, un combatiente que a pesar de tener nombre y apellido bien puede merecer el título de “El soldado desconocido”, como muchos otros hijos del pueblo sobre cuyos hombros siempre ha descansado la defensa de la soberanía nacional”.

La obra también está dedicada a la memoria de mi madre: Nieves Piñeyro de Gautreaux, porque en medio de la Guerra me escribió esta frase: “Los hijos tienen dos madres y hoy la madre Patria los reclama, los necesita”.

Pascual es mi gran héroe y gente como mi madre que recogían dinero y alimentos para enviarlos a la gloriosa Zona Constitucionalista.

Ojalá que nos dediquemos a contar la Guerra de Abril con honestidad, con respeto por la memoria de tanto real héroe desconocido.