La historia del rey que tuvo miedo de caer

MARIEN ARISTY CAPITÁN

Hace muchos años había un rey que poseía un pequeño reino. Tenía muchas propiedades, una esposa pluscuamperfecta, unos hijos encantadores y una vida muy próspera. Nada le faltaba.
Obsesivo con la organización, tenía un séquito de ayudantes que se encargaba de que todo estuviera en su lugar. Detestaba el desorden y era muy estricto. Todo debía hacerse como él quería.
Eso, sin embargo, nunca fue un problema. Sus súbditos lo conocían bien y se habían ajustado perfectamente a su esquema. Por ello, en el reino todo fluía.
Un buen día, sin embargo, apareció un noble de tierras lejanas y pidió audiencia con el rey. El lo recibió, encantado al oír las referencias que traía, y le pidió que se quedara en el reino y trabajara junto a él. ¡Le había seducido la idea de modernizar la corte, tal como le propuso el recién llegado!
Poco tiempo después de la llegada del noble, cuya presencia atrajo ciudadanos de otras latitudes, sucedió algo extraño: el rey, que había sido muy confiado, empezó a dudar de sus cortesanos.
Temeroso, el rey creía que los nuevos súbditos ideaban un plan para poner fin a su reinado. ¿Cómo podía evitarlo?, se preguntaba cada día hasta que decidió buscar consejo del sabio al que acudía en los momentos de adversidad.
El sabio le escuchó con interés mientras el rey le exponía sus dudas. Callado, lo observaba con preocupación. ¿Por qué sugían esos miedos? ¿Por qué dudaba?
Como no tenía idea de qué pasaba, el sabio consultó nobles, cortesanos y parte del pueblo. Días después entendió lo que sucedía y le pidió una audiencia al rey.
– ¿Ya sabes quién conspira contra mí?, preguntó el monarca.
El sabio respondió con un solo gesto: sacó un espejo.