La humanidad en peligro, ¿ficción o realidad?

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En 2014, Stephen Hawking creía que la inteligencia artificial (IA) podría suponer el final de la humanidad. Los científicos llevan años avisando de los peligros del cambio climático y cómo este hará inhabitable parte del planeta condenando a sus ciudadanos a emigrar o desaparecer.
Por ahora el apocalipsis es material para novelas y películas de ciencia ficción. La cultura popular detrás de estas manifestaciones se centra en la caída de un meteorito, en la revolución de las máquinas que acaban por esclavizar a los humanos, como en el filme Matrix (1999), dirigido por las hermanas Wachowski o en una invasión alienígena.
Sin embargo, la humanidad tendrá que enfrentarse a otros retos mucho menos entretenidos y fantasiosos.
Que se apague el sol. En 2015, un equipo de la Nasa captó por primera vez, a través del telescopio Kepler, la destrucción de un sistema solar: constataron la existencia de restos rocosos descomponiéndose mientras orbitaban alrededor de una enana blanca.
Este fenómeno es el remanente estelar de un astro que ha agotado su combustible nuclear. El planeta al que pertenecían los restos estaba en descomposición, atraído por la gravedad de la estrella moribunda.
Este final puede repetirse en caso del planeta Tierra. El Sol, en mitad de su vida, va quemando hidrógeno y va aumentando su tamaño. Con el tiempo, y en cuanto el hidrógeno esté prácticamente agotado, el Sol comenzará a combustionar el helio llevándolo a la etapa llamada gigante rojo.
El Sol se tragaría la Tierra, Venus y Mercurio en su proceso de expansión, según publicó una revista científica estadounidense en 2015.
Después de eso, el Sol llegará a su fase final, la enana blanca, aunque no hay por qué alarmarse por ahora, ya que esto es algo que, en principio, no sucederá hasta dentro de 5000 millones de años.
Guerra nuclear. En Hiroshima y Nagasaki murieron cerca de 120 000 personas el mismo día que los Estados Unidos lanzó las bombas sobre estas ciudades de Japón. Muchos miles más murieron días, semanas e incluso meses después por el efecto de la radiación.
En total, unas 215 000 personas fallecieron por causa directa de las bombas. Muchos otros siguen sufriendo las secuelas.
Diferentes países cuentan con arsenal nuclear, y en la actualidad un arma de estas características tendría una tasa de mortalidad de hasta el 95 % en un radio de cuatro kilómetros.
Además, las explosiones pueden liberar polvo y humo que envuelvan el planeta sumiéndolo en un invierno nuclear.
El bloqueo del Sol causaría un descenso en las temperaturas, haciendo más complicada la vida en algunos lugares, dando lugar a grandes movimientos migratorios, a la lucha por los recursos y, finalmente, los conflictos.
Pandemias. Entre 1918 y 1920, la llamada gripe española causó la muerte de 50 millones de personas. Algunas fuentes datan el total de fallecidos en torno a los 100 millones.
La tasa de mortalidad era del 20 %, pero aun así segó el 5 % de la población mundial en un período de 24 meses.
En 2014, un brote del denominado virus ébola causó la muerte a 11 300 personas en diferentes países africanos. Alrededor de 2000 personas han fallecido ya debido al brote registrado desde año pasado en República Democrática del Congo.
En la actualidad, existe la posibilidad de que surja un brote de una nueva enfermedad infecciosa que ponga en jaque a la humanidad.
Con la facilidad de movimiento de hoy día, una persona infectada podría llevar el virus de un lado al otro del planeta en alrededor de 15 horas, convirtiendo a los que se cruzasen con él en portadores y agentes de contagio del virus.
Los antibióticos son cada vez menos efectivos y pueden no llegar a todo el que lo necesite. Según publicó un medio estadounidense, las bacterias resistentes a estos principios son responsables de 700 000 muertes al año. En 2030, que podrían alcanzar los diez millones.
Cambio climático y colapso ecológico. Uno de los peligros más presentes y previsibles es el cambio climático, es decir, que cuanto mayor sea la temperatura de la tierra, peor serán las consecuencias.
Ciclones tropicales, vientos adversos, la subida del nivel del mar, la sequía, la infertilidad de tierras agrícolas y la disminución de las fuentes de agua dulce, son algunas de las consecuencias. Las peores predicciones auguran un futuro incierto a la humanidad por el cambio climático en las próximas décadas si no se toman las medidas oportunas desde ya.
Y aunque se mantengan los compromisos ecológicos, existe un poco más del 30 % de posibilidades de la que la temperatura aumente 3 grados centígrados, según un medio estadounidense. Si eso sucede, algunas ciudades costeras como Florida y Bangladesh acabaría bajo el agua.
La acción del ser humano interfiere en los ecosistemas y estos pueden recuperarse de los daños que sufren hasta un cierto límite. Pasado ese punto de inflexión, puede no haber vuelta atrás.
Un ejemplo de la alteración de un ecosistema se puede encontrar en la evolución del lago Chad, en este país del centro de África, cuyo caudal se ha reducido en un 90 % en las últimas siete décadas afectando a fauna, flora y cuyas consecuencias sufren también diferentes países colindantes.