La Iglesia en muy pocos lugares está cumpliendo su rol cristiano

El actor, escritor, director y productor italiano Nanni Moretti, junto a su equipo, produjeron una obra cinematográfica en el 2011, etiquetada como “comedia” que, al margen de la inclusión de algunos segmentos realmente cómicos, retrataban proféticamente, como si hubiesen viajado al futuro cercano (2013), la crisis de la cúpula católica en el Vaticano.

La película esencialmente describe el pánico colectivo entre los cardenales, ante la posibilidad de ser electos y el humor negro representado por los arranques de un papa seleccionado que no desea el puesto, coincidiendo con su elección, el agravamiento de una neurosis, casi psicosis, asociada con su avanzada edad. Cuando pronuncia su discurso inaugural utiliza el escenario para renunciar apoyado en razones no muy explícitas. Algo parecido, al abandonar el cargo, ocurrió con Benedicto XVI, separado del mundo exterior para que no diga una, de dos cosas terribles para la iglesia: Muchos disparates o muchas verdades.

La verdad siempre reluce y su secuestro equivale al pus acumulado en un absceso que finalmente drena su contenido feo y fétido, pero alentador, pues mejora las fiebres y los dolores que  produce.

Durante su primera presentación el rostro del Papa electo, Jorge Mario Bergoglio, Francisco I, no era de triunfo o satisfacción, sino de “Señor mío, en qué vaina me habéis metido” y su corta y débil sonrisa fue un acto de cortesía con los presentes en la plaza. Él sabe que la iglesia está moribunda porque en muy pocos lugares está cumpliendo su rol cristiano, su moral es baja, su influencia social casi nula y su credibilidad muerta por los escándalos sexuales. Para colmo, dicen que el Vaticano está en quiebra.