La imagen del Metro

SAMUEL SANTANA
Con sus recorridos de prueba, el Metro de Villa Mella ha causado la euforia propia de un Macondo ante la llegada de los gitanos con sus invenciones.

La gente ha salido ensimismada para ver al aparato largo que se desplaza majestuosamente por la vía levantada sólo para él sobre columnas de acero y cemento.

¡Corra que se va!    gritaba Juana Mata a su comadre Antonia, expresando un afán desbordado por ver con sus ojos lo que tanto se anunció.

Ella, al igual que los demás residentes en la tierra del chicharrón, afirman que ahora cambiaron las cosas.

Ahora en Villa Mella se piensa mucho para vender un metro de tierra. Los villamelleros no sólo aprecian la facilidad con que se trasladarán a la ciudad, sino que ahora tienen la idea de que ya nada es igual.

Definitivamente, el Metro va más allá de un simple medio de transporte. Esta es la viva representación de una imagen que proyecta avance, desarrollo y cambios en un país donde la gente siempre ha tenido que salir fuera para  conocer los prodigios de la modernidad.

Ahora, claramente se aprecia que el entorno de toda las Hermanas Mirabal debe colocarse a tono con la estructura de acero.

Deja una impresión chocante el contraste entre casas antiguas de madera y zinc al lado de estaciones con ascensores y bellamente relucientes. Esto clama por una obra integral, de modo que quien se desplace sobre los elevados no se angustie al chocar sus ojos con un cuadro de atraso y miseria.

El Metro evidencia cambios de visión y rumbo en una sociedad anquilosada y golpeada severamente por el látigo de la pobreza y por la indiferencia de líderes indolentes que sólo quieren el poder para apetencias lejos del desarrollo y del bien común.