La importancia de aprender a escuchar a nuestros adolescentes

30_11_2015 HOY_LUNES_301115_ ¡Vivir!3 C

A veces la rebeldía, la antipatía o el mal comportamiento en general de los hijos adolescentes hace que entremos en una espiral de conflicto, reproches y tensión en la que cada parte está convencida de tener la razón. El resultado de esta situación suele ser una ruptura en la comunicación, y es importante recuperarla antes de que la falta de comunicación se malee.

En el libro “Cómo hablar para que los adolescentes escuchen y cómo escuchar para que los adolescentes hablen”, de la autoría de Adele Faber y Elaine Mazlish, dos expertas de renombre internacional en la comunicación entre adultos y niños, explican algunas técnicas para establecer los cimientos de una relación sana, basada en la comunicación y no en las reprimendas.

Debido a que las autoras han creado un innovador enfoque para un diálogo sincero, abierto y de respeto mutuo entre padres y adolescentes, explican en viñetas y páginas un resumen sobre las estrategias para evitar las discusiones, reducir frustraciones y fomentar una comunicación reflexiva sobre todos los temas, desde la hora en que hay que llegar a casa o los deberes hasta las drogas y el sexo.

Dialogo. Según se indica en el texto en la relación entre padres e hijos, la clave está en el diálogo.

“Hablar de un problema es tenerlo ya medio solucionado. Pretender educar sin propiciar el diálogo es como intentar construir una casa sin una segura cimentación”, recoge el libro.

Dinámica. ¿Cuánto cuesta hablar con los hijos adolescentes? ¿Cuántas conversaciones acaban en monólogos? ¿Cuántas parecen “diálogos de sordos? ¿Cuántas finalizan en una nueva pelea? “Mi hijo no me escucha”, “no se puede hablar con ella”, “siempre acabamos a gritos”, “parece que hablemos idiomas diferentes”… suelen ser las quejas justificadas de muchos padres.

La verdad es que no resulta fácil hablar con ellos, sin embargo, hay que intentarlo. Se podría empezar teniendo en cuenta que el diálogo con adolescentes tiene unos requisitos propios: en primer lugar, se trata de crear el ambiente propicio y buscar el momento adecuado: no cuando los padres quieren, sino cuando ellos lo necesitan.