La industria de la salud

 LEO BEATO
Johnstown, Pennsylvania. Este es un pueblo fantasma. Hace apenas veinte años (y veinte años no es nada de acuerdo con Carlos Gardel en su famoso tango) esta ciudad era el centro minero del estado de Pennsylvania y un punto muy importante de la venta del aluminio y del acero. Hoy día Johnstown tiene menos de 20,000 habitantes y la Conemaugh Health Corporation System es la “industria” clave con 5,000 empleados. Todo el mundo depende de esta nueva industria. La salud, que debiera ser un derecho que el gobierno garantiza a sus ciudadanos se ha convertido en una especie de factoría ambulante en todo el Este de los Estados Unidos, conocido como el health belt (el cinturón de la salud), porque da albergue ocupacional a cientos de miles de desempleados.

Desde Maine hasta la Florida, desde Nueva York a Chicago obreros desplazados ahora trabajan como asistentes a enfermeros y técnicos dentales. Los que se han quedado en Johnstown han terminado cambiando de profesión. Literalmente viven del negocio de los hospitales y de las drogas recetadas. La famosa Cleveland Clinic del estado contiguo, Ohio, con sucursales en varias ciudades estadounidenses-como la Clínica Mayo-cuenta con mas de 50,000 empleados. El enorme sistema conocido como “The University Hospitals Health System” aquí en el estado de Pennsylvania es el segundo más importante en la parte este de los EEUU. con un personal de más de 300,000 empleados. La PGR (Progressive Corporation) y la Key Corporation (KC) son los dos emporios más conocidos después de las corporaciones arriba mencionadas. Solamente la Cleveland Clinic de Ohio ve al año un promedio de cinco millones de pacientes. Esta industria de la salud es la que ofrece más empleos a la población desplazada manteniendo el desempleo por debajo del 6%.

Pat Meahan, una joven que hacía US$35,000 al año como ejecutiva de ventas acaba de terminar sus estudios de enfermería con una oferta de US$55,000 al año. De acuerdo con ella la población está acostumbrada a visitar a un médico cada vez que les duele la cabeza o les duele el calendario (la edad) y necesita la supervisión constante de un profesional médico calificado convirtiéndose en co-dependiente de los fármacos y de las medicinas recetadas.

Mientras más enfermos más beneficios en metálico para la industria de la salud. “Fomentan el ritmo acelerado de vida que llevamos (estrés) unido al tipo de alimentos que ingerimos diariamente y a la forma sedentaria de vida que patrocinan convirtiéndonos en sus víctimas propiciatorias”.

Así opina Joe O’Brien, uno de los desplazados. “En una población de envejecientes como la nuestra la geriatría es la especialidad preferida y los seguros médicos son el negocio más redondo para los inversionistas en la industria de la salud en medio de una sociedad de envejecientes”. De hecho, con 50 millones de personas sin seguro y más de la mitad de la población está sub-asegurada (con seguros que tienen un alto margen de deducible). Están pagando su seguro médico pero evitan visitar los hospitales para no tener que hacerle frente a los deducibles que pueden oscilar entre US$500.00 y los $1,500 dependiendo del caso. ¡El país más adelantado con el peor sistema de salud del mundo civilizado!

A esto hay que añadirle el caso de la droga-adicción como el de Ana Nicole Smith, la cenicienta millonaria y antigua conejita de la revista Play Boy, que sucumbió a las drogas recetadas literalmente frente a la televisión después de una larga historia de adicción a las mismas. Aquí nos referimos a drogas legalmente recetadas, metadona, zaloft y lexapro.

Aunque el resultado de la autopsia fue “muerte por asfixie en su propio vomito”, la combinación letal de barbitúricos con analgésicos fue la causa real de su deceso. Lo mismo le había sucedido unas semanas antes a su hijo Daniel todavía un adolescente. Una tragedia mas muchas veces repetida cuando la salud se convierte en una industria indiscriminada para hacer dinero. Hace apenas unos años estaba prohibido comercializar abiertamente con las medicinas, sin embargo hoy día éstas se venden como si fueran caramelos bajo dudosas campañas de publicidad inescrupulosa como se hace con las cervezas y con los cigarrillos. De ahí que el 90% de la población adulta actúe como si estuviera endrogada, un ejército de zombis ambulantes a quienes les han practicado masivamente una lobotomía frontal. Esto es lo que explica que no caigan en la cuenta de lo que les está sucediendo y su actitud sumisa ante las invasiones de Irak y de Afganistán en nombre de la “democracia”. “Caperucita Roja” y “Alicia en el país de las maravillas” como si se tratara de la irrealidad más natural del mundo.