“La Infoxicación Digital”

Manuel Cruz

Con la caída del muro de Berlín y desclasificación para el uso doméstico de la llamada era de la información y la tecnología, se abrió un mundo rabiosamente bombardeado por el consumo, la información, la tecnología y los cambios políticos. Y, con ellos, la aparición de segmentos sociales que tienen sus propios comportamientos, sus propias fábulas, sus singulares mitos y sus pletóricas estupideces. Dentro de ese contexto, se ha construido lo que el sociólogo polaco Zygmunt Bauman ha definido como enjambres; “donde el valor de los individuos está a merced de un clic de ratón y no se necesitan habilidades sociales”.

Estúpidos del Siglo XXI.

Paradójicamente, en la era de la información y el conocimiento con la disrupción del internet se ha generado una involución social, propiciada por el individualismo y la information overload como había sido presagiado en 1970 por el gran Alvin Toffler. La misma, ha dado al traste con esa “sociedad líquida” donde lo inmediato supera lo importante. Y, donde el afán desmedido por generar información, primicias e impacto a través de las redes sociales; propicia que sea más importante el engagement producido por la noticia de un genocidio que el hecho mismo. En efecto, esa lógica ha propagado una infoxicación exponencial consumida por indoctos y tarúpidos.

De igual forma, ese despliegue de información, de fake news, de posverdad y el auge de los like han engendrado y reafirmado lo descrito por el gran escritor italiano Umberto Eco en su obra El Péndulo de Foucalt; donde advirtió, “que las redes sociales permiten que la opinión de los necios, tenga la misma relevancia que la de un premio Nobel”. Esa insoslayable realidad ha multiplicado a los estúpidos en legiones, y se ha convertido en caldo de cultivo para que insignificantes digitales consigan ejércitos de autómatas de carne y hueso; que se encargan de replicar y compartir millares de informaciones y falsedades que solo sirven para un coprológico.

Francotiradores de Imágenes.

Si hiciéramos una escatología a todo ese excremento digital, observaríamos que una buena parte de todo ese bombardeo de bazofia es dedicado a dar muerte social a las personas. Por eso, es muy fácil hoy encontrar a cualquier invertebrado cerebral cuya única habilidad desarrollada fue aprender a manipular el teclado de un celular; acabar con la vida privada, la carrera y hasta la familia de otros que han pasado toda su vida haciendo aportes a la sociedad. Con el agravante, de que esa indigerible y absurda realidad ha pasado a ser vista como una actividad normal y necesaria, en un mundo donde cualquier larva con un Smartphone ya se cree periodista o figura de impacto.

Por tal razón, la proliferación y amplificación de noticas falsas en detrimento de honorabilidades; en el mayor de los casos sin ninguna verificación de su veracidad nos han mostrado con profusa claridad, que mientras más avanza la inteligencia artificial más se proyecta y se acentúa la estupidez natural de millones. A tal punto, que parece que el raciocinio y la reflexión se fueron a vivir a los agujeros negros de Stephen Hawking. En ese sentido, en el mundo de hoy es más importante cuidarse de los francotiradores digitales que tener 10 títulos universitarios, pues como estableció el historiador israelí Yuval Harari; “algunas noticias falsas duran para siempre”.