La inseguridad y parálisis del gobierno atemoriza haitianos

In this Feb. 12, 2020 photo, a protester holds a sign that reads in Creole "The people of Martissant are tired of dying from criminals' bullets," referring to one of the capital's most dangerous neighborhoods, during a march against violence in Port-au-Prince, Haiti. Two years after the departure of U.N. peacekeepers, young bandits with automatic weapons randomly halt cars on the main routes in and out of the capital. (AP Photo/Dieu Nalio Chery)
In this Feb. 12, 2020 photo, a protester holds a sign that reads in Creole "The people of Martissant are tired of dying from criminals' bullets," referring to one of the capital's most dangerous neighborhoods, during a march against violence in Port-au-Prince, Haiti. Two years after the departure of U.N. peacekeepers, young bandits with automatic weapons randomly halt cars on the main routes in and out of the capital. (AP Photo/Dieu Nalio Chery)

Miles de jóvenes haitianos pasaron el 2019 en las calles para exigir la renuncia del presidente Jovenel Moïse porque su gobierno no fue capaz de enfrentar años de corrupción desenfrenada que desvió miles de millones de dólares de apoyo internacional a cuentas bancarias en el extranjero. Hasta ahora, los opositores de Moïse han fracasado.
El Parlamento de Haití cerró indefinidamente en enero a causa del caos, lo que eliminó el control del poder presidencial que paralizó a Moïse durante años. El jueves se cumplió el primer mes en que el presidente gobierna por decreto. Sin embargo, el delgado exagricultor de plátanos no se ve como los hombres fuertes del pasado de Haití.
Con un débil apoyo político en casa y una comunidad internacional temerosa de un retroceso democrático, Moïse no ha emitido decretos significativos y miles de millones de dólares en apoyo para desarrollo están bloqueados.
A tres años de su periodo de cinco, el presidente parece que a duras penas puede imponer su voluntad más allá de las puertas del Palacio Nacional en el centro y su relativamente modesta casa alquilada en las colinas sobre Puerto Príncipe.
En la ciudad debajo, pandillas gobiernan barrios enteros y una oleada de secuestros atemoriza a los ciudadanos comunes.
“A unos cuantos pies del Palacio Nacional, pandillas armadas controlan las calles”, dijo Paul Denis, quien fungió como ministro de justicia durante el gobierno del presidente René Preval.