La insólita decisión del Presidente

Algunos dicen que el presidente Fernández reina, pero no gobierna; cada ministerio parece ser un gobierno, con sus agendas leyes particulares, sobre todo en términos salariales. En todo el discurrir de este año que termina, cuando es él y sólo él quien debe tomar una decisión o manejar una situación de crisis, ha recurrido, con éxitos, al auxilio del que debió ser el principal partido de oposición o a organismos internacionales, como acaba de hacerlo.

Este año lo inició con una “cumbre” para enfrentar las “fuerzas vivas de la nación” una crisis económica política y moral que parece indetenible. Cuando esa crisis se expresó con un movimiento de protesta en todo el país, casi inmanejable y cuando la discusión de la nueva Constitución se atascó, recibió el auxilio del presidente del PRD al firmar un pacto con éste, para entre mutuas concesiones,  aprobar la Constitución del retroceso.

Cuando el movimiento de protesta contra la instalación de la cementera al pie del parque nacional Los Haitises se expandía en todos los grupos y clases sociales del país, obteniendo una sentencia judicial contra ese intento de agresión al patrimonio natural del país, recurrió al auxilio de una comisión de la Naciones Unidas para que ésta asumiese la responsabilidad y no él, de decidir si se construía o no la referida fábrica.

Para terminar este año de reinado pero no de gobierno, de nuevo recurre a una comisión integrada por representantes de organismos internacionales, para que “investigue y determine” lo que ya se ha investigado, documentado, filmado, y admitido por diversos ministros de su gobierno: los escandalosos niveles corrupción  en todas la esferas del gobierno y del Estado.

Con esa decisión, hiere el sentimiento nacional y resigna su responsabilidad de jefe del Estado que ha jurado respetar y hacer respetar las leyes. El Presidente sabe que los niveles de corrupción en su gobierno, varios de sus colaboradores han dicho pública y privadamente que se lo han informado con datos, junto a sus autores.

La creación de esas comisiones de expertos extranjeros evidencian que el Presidente no tiene confianza en las instituciones del Estado que dirige; tampoco en sus ministros ni en su partido.

Si el principal conductor de un país no tiene confianza en las instituciones del Estado, no puede esperarse que la población tenga confianza en su futuro, fortalezca su autoestima e identidad nacional.