La intervención militar norteamericana de 1965

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La mayor parte de los documentos alusivos a la Revolución de Abril de 1965 reposan en archivos a los cuales los investigadores interesados en el tema no siempre tienen acceso. Muchos de los cedularios referentes a las actuaciones de las tropas interventoras estadounidenses permanecen guardados en los archivos de la Armada norteamericana y en los de ciertas instituciones de los Estados Unidos. Suponemos que los legajos de la administración constitucionalista llevados a Europa por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó a su salida del país en enero de 1966 reposan, al igual que otros, en archivos cubanos.
Por lo expuesto en el párrafo anterior, muchos de los aspectos esenciales de la Revolución de Abril de 1965 han tenido que basarse en fuentes partidarias comprometidas con uno de los bandos. Algunos testigos y actores que ocuparon puestos de mucha responsabilidad han preferido guardar silencio en relación con el tema; otros han postergado, no sabemos hasta cuándo, la publicación de sus memorias. Ciertos documentos de gran valor histórico están en manos de personas negadas a ponerlos al cuidado de terceros. Afortunadamente, en los últimos años, a pesar de todos esos inconvenientes, se han venido poniendo a disposición de algunos que otros historiadores una considerable cantidad de documentos sobre la revuelta abrileña, entre los que cabe mencionarse fotocopias de escritos de archivos desclasificados; memoria de importantes actores, entre otros. Los archivos militares de nuestro país, al menos los comprendidos en 1930 y 1965, fueron enviados al Archivo General de la Nación; y en la actualidad se trabaja para ponerlos a disposición de historiadores, de investigadores y de personas interesadas en dicho tema.
Los días 26, 27 y 28 de abril de 1965, después de su triunfo en la Batalla del Puente y en la toma de la Fortaleza Ozama, los militares constitucionalistas reafirmaron su dominio en la ciudad de Santo Domingo y, para su ganancia de causa, las comandancias de casi todos los cuarteles militares localizados en el interior del país le manifestaron su apoyo, contrario a lo que en esos mismos momentos sucedía en la Base Aérea de San Isidro y en el Centro de Entrenamiento de las Fuerzas Armadas (CEFA). En esos dos lugares se respiraba una atmósfera de dolor y de miedo; los soldados estaban cansados y muchos habían desertado; y los pilotos y algunos de los oficiales lloraban desconsolados. Era que la naturaleza de la rebelión había cambiado entre el 25 y 27 de abril como bien lo planteaba el destacado historiador Roberto Cassá: “lo que debió quedar como un pronunciamiento militar y popular incuestionable devino en guerra civil (….) El desenlace del 27 d abril en el Puente Duarte presagiaba un nuevo tipo de Estado, ya que la derrota de la casta militar derechista replanteaba los términos de poder en la sociedad dominicana. Quedaba, por consiguiente, un camino despejado para la puesta en vigencia de los contenidos sociales consignados en la Constitución repuesta, en lo adelante con un matiz revolucionario que probablemente incluiría transformaciones más profundas”
El 28 de abril de1965, el sueño de Juan Pablo Duarte y el de los demás miembros de la Sociedad la Trinitaria de vivir en una República Dominicana libre e independiente de todo poder extranjero se había hecho realidad. Pero, ¿qué decir de la solicitud de algunos generales y oficiales de nuestras Fuerzas Armadas dirigida al presidente de los Estados Unidos pidiéndole que nuestro país fuera intervenido? Esto merece de nuestra parte una respuesta desapasionada y veraz. La variabilidad de las fuerzas amadas como instituciones del Estado, y la consideración de esa variabilidad en el tiempo, en el espacio y en las circunstancias del medio ambiente en que se desenvuelven, serán siempre condiciones a tener en cuenta para comprender, sin las deformaciones de los convencionalismos ni la rigidez de imágenes falsas, las razones de eficacia y las causas de fracaso de algunas de ellas.