La intervención militar norteamericana de 1965

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El movimiento Enriquillo, integrado en su mayoría por militares de carrera, casi todos graduados en academias extranjeras, tuvo como objetivos principales el restablecer el derrocado Gobierno Constitucional del ´profesor Juan Bosch y el de combatir la corrupción dentro de las Fuerzas Armadas. La sapiencia y determinación de ese grupo, dirigido en principio por los coroneles Rafael Tomás Fernández Domínguez y Hernando Ramírez, se puso muy de manifiesto en la organización del golpe de Estado que derrocó el gobierno de facto del doctor Donald Reid Cabral, la batalla del Puente Duarte y la toma de la Fortaleza Ozama. Con algunas que otras excepciones, el anhelo de reformas sociales de dicho grupo era modesto, teniendo poco en común con “los cabezas calientes y los politiqueros de la época”
En relación con la actuación del grupo de militares al cual nos referimos en el párrafo anterior, el escritor italiano Piero Gleijeses, en la página 475 de su libro “La Esperanza Desgarrada”, expresa que: “aquellos días de lucha habían dejado una mancha indeleble en muchos oficiales constitucionalistas, especialmente en los que tomaron parte en la batalla del Puente Duarte. Habían peleado no por el pueblo, sino junto a él. Habían experimentado el valor y el espíritu de sacrificio de los infelices y la traición y la cobardía de tantos de sus compañeros oficiales. Su relación con la población y en consecuencia, su actitud hacia los cambios sociales, nunca (pero nunca) podía volver a ser la de antes”. Es que poco importa que en los movimientos bélicos de un futuro cercano dispongan de armamentos mucho más poderosos que los empleados por ambos bandos en la Guerra de Abril de 1965. Los factores de índole espiritual y moral del hombre y de la mujer no han de ceder su principalidad mientras los conflictos bélicos sigan siendo problemas de vida o muerte para el Estado, y más que para éste, para la comunidad que le da vida.
A principio de la década de los años sesenta del pasado siglo 20, el gobierno de Haití encabezado por un dictador de nombre François Duvalier inició una política de relaciones con países socialistas, comenzando con Polonia y Checoslovaquia que no fue del agrado del presidente de los Estados Unidos, John Kennedy, quien desencadenó una serie de acciones para derrocarlo. Pero, como veremos más adelante, lo que hizo el gobernante estadounidense para deponer al dictador haitiano resultó en el derrocamiento del gobierno del profesor Juan Bosch, el 25 de septiembre de 1963.
Como lo expresara el expresidente Juan Bosch diez años después de haber sido derrocado: “el golpe de 1963 no fue planeado, pero hubo que darlo para salvar a John F. Kennedy del escándalo internacional que hubiera sido inevitable, pues como habíamos dicho, lo que hizo el gobierno presidido por él no lo había hecho ningún otro en la historia: organizar campamentos guerrilleros en territorio de un Estado amigo ocultándole esa actuación al jefe de ese Estado; pero, además hacerlo mientras se presentaba ante el mundo como el campeón armado que luchaba contra los que apoyaban guerrillas en otros países….” En resumen, el golpe de Estado que derrocó su gobierno el 25 de septiembre de 1963 fue una consecuencia de la intervención norteamericana en nuestro país.
Afortunadamente, hay otra realidad más expresiva, más plausible, más general, más humana: el afán de los dominicanos (plural masculino) de vivir en paz, en libertad, en bien y en la verdad. Alcanzar dicha meta no es imposible. A ella se puede llegar por la unidad en la acción de las instituciones sociales creadas para hacer fecunda la vida con el vigor, con el entendimiento y la cooperación de todos.
Para que constituyan la más expresiva encarnación de la nacionalidad, las Fuerzas Armadas deben ser en esencia instituciones sociales, soporte del Estado al cual sirven y asisten.