La intervención psicológica en pacientes con cáncer

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Licenciada Ana María Hernández
Psicóloga clínica Gerencia de Onco Hematología del HGPS

Con frecuencia nace la interrogante “¿por qué o para qué la intervención psicológica dentro del área oncológica”?, y surge no solo desde la parte clínica, sino también dentro de muchos de los pacientes.
Recuerdo uno de los primeros que tuve la oportunidad de acompañar; experimentaba una angustia intensa, había sido diagnosticado y la enfermedad se extendido rápidamente comportándose de forma incierta y comprometiendo diferentes órganos vitales, a pesar de los tratamientos recibidos. El dolor físico que experimentaba se veía reforzado por el dolor emocional. Manifestaba rabia e impotencia. Con una actitud irónica, sus primeras palabras al entrar a la consulta, fueron “mire, no tengo la menor idea de por qué estoy aquí, no estoy loco y a menos que usted pueda realizar un milagro, no tengo nada que buscar aquí…”. El paciente tenía toda la razón, los psicólogos… no hacen “milagros”.

Las enfermedades de tipo oncológicas se encuentran muy vinculadas al sufrimiento, la desesperanza y la vulnerabilidad. Dichos tipos de emociones conllevan altos niveles de estrés que logran afectar la vida y la calidad de esta. Los objetivos fundamentales de la medicina moderna se encuentran enfocados en aliviar el sufrimiento del paciente, en especial si el diagnóstico de la enfermedad se asocia a un alto impacto a nivel físico, emocional e incluso a la muerte.

Algunos de los objetivos a largo plazo de las intervenciones psicológicas se encuentran dirigidos a:

1. Reintegrar la imagen corporal o la percepción que tenemos de esta, como es el caso de amputaciones y cirugías que alteran la misma.
2. Restaurar o preservar el equilibrio emocional.
3. Restaurar o preservar la sensación de seguridad y control.
4. Aceptar y adaptarse a tratamientos y situaciones médicas poco habituales.
5. Sobreponerse a la amenaza de riesgo y crisis existencial que puede acompañar estos procesos.

Preservar la calidad de vida del paciente y su familia, será una de las metas principales del proceso y la misma será pautada -o determinada- no solo por las diferentes circunstancias que viva cada individuo en particular, sino a partir de la forma en que logre integrar los cambios, transformando su nuevo estilo de vida, proporcionándole un sentido significativo a su existencia (aspectos psico-espirituales) que irá más allá de manejo de síntomas psicológicos como ansiedad, depresión, miedos irracionales, etc. Es por esto que las interconsultas y el enlace posterior a estas, en los casos que sea pertinente, tratan de optimizar el servicio, aprovechando el equipo sanitario y ofreciendo así la mejor asistencia posible a cada paciente.

Las expectativas de cada individuo, sus valores, creencias y estilo de afrontamiento se interrelacionan para favorecer o dificultar la cohesión terapéutica.