La invención de la Literatura Dominicana y Andrés Blanco Díaz

La invención de la Literatura Dominicana y Andrés Blanco Díaz

Portada de libro de Vigil Díaz

Crear conocimientos nuevos es el fin de la investigación. En ciencias humanas el conocimiento que se diferencia de la imperial noción de “ciencias aplicadas” es la que recoge todo saber sintético que muchas veces parte de postulados generales, pero que encuentra su mayor influencia en el contraste de las ideas con el registro bibliográfico de una disciplina. Tal es la facienda de la crítica literaria.

Cuando nos enfocamos en la investigación de la expresión artística que tiene como centro la literatura es menester echar una mirada al pasado de esta actividad en nuestro país. En la segunda ciudad letrada formada por los liberales que nos dieron y defendieron la independencia de la República Dominicana desde 1844, encontramos la figura de Alejandro Angulo Guridi (1823-1906), polígrafo dominicano quien escribió el prólogo al libro de poemas “Margaritas”, del poeta cubano Francisco Javier Blanchiez (1822-1847), en Cuba en el año 1846.

Esta reflexión sobre la poesía es el primer texto de la vida republicana que he encontrado del ejercicio del criterio para valorar la expresión artística que usa la palabra como medio de simbolizar la realidad.


Otros escritores del siglo XIX dominicano, como César Nicolás Penson (“Reseña histórico-crítica de la poesía en Santo Domingo” (1892) y Francisco Javier Angulo Guridi (1816-1884), autor de la introducción al primer florilegio de la literatura dominicana: “La lira de Quisqueya (1874), poemas seleccionados por José de Castellano, escribieron textos en los que reflexionan sobre el lenguaje y sobre obras literarias.

Al primero se le conoce como uno de nuestros primeros lexicógrafos y quien sigue al nacido en Santiago de los Caballeros en 1799 y trasladado a Cuba, Esteban Pichardo y Tapia, autor de “Diccionario provincial de voces cubanas”, publicado en 1836. También el dominico-venezolano José María Baralt fue reconocido como filólogo; Baralt, de madre dominicana y quien fuera diplomático dominicano en Madrid, donó su biblioteca a la ciudad de Santo Domingo.

Con sus libros se formó la primera biblioteca pública que tuvo el país (“Vetilio Alfau Durán en Anales”, 1997,119).
Otros autores también iniciaron en la prensa la crítica literaria. Debo citar a Rafael Deligne (1863-1902) autor de textos críticos sobre literatura dominicana e hispanoamericana (“En prosa y en versos” 1903) y a su hermano Gastón Deligne (“Páginas olvidadas”, 1944).

Destacan estos autores por iniciar una labor un poco más sistemática y polémica sobre las ideas literarias en República Dominicana. Aunque hay varios autores más en este terreno quiero que me permita el amable lector informado mencionar al más constante y sistemático crítico de literatura dominicana en el periodo de entre siglo: Federico García Godoy (1857-1924).

Su ingente labor de difusión de las letras, de crítica y poda de nuestra expresión artística se echa de ver en una obra que trascendió su lar adoptivo, La Vega, y que se extendió por distintos países del continente americano sin dejar de ser publicado en los centros letrados europeos que eran Madrid y París al comienzo del siglo veinte.


La labor de don Federico García Godoy (“Perfiles y relieves”, 1907, “La hora que pasa: notas críticas”, 1919, “Páginas efímeras: movimiento intelectual hispanoamericano”, 1912, y “La literatura americana de nuestros días”, 1915, entre otros), no podríamos conocerla hoy si no fuera por el trabajo realizado, desde hace muchos años, por el investigador Andrés Blanco Díaz quien, unido a Manuel Rueda, luego de una infatigable investigación de archivos locales y extranjeros, publicaron en la Biblioteca de Clásicos Dominicanos, más 40 tomos sobre la materia.

El trabajo de Rueda y Blanco posibilitó a la generación emergente tener un cuadro más definido del corpus de la literatura dominicana y poner en manos de los investigadores locales y extranjeros obras que darían el perfil definitivo de la “aventura espiritual” del pueblo dominicano.


Entonces Blanco Díaz fue pieza clave en el rescate de la obra de Federico García Godoy y tiempo después se dedicó al rescate de las obras de autores como José Ramón López, Américo Lugo, Antonio Zagul, José Gabriel García, entre muchos otros. En los últimos tiempos ha recopilado para el Archivo General de la Nación más de cincuenta libros, entre los que se destacan la recién publicada antología “Ideas radicales en la República Dominicana”, en dos tomos, donde aparecen los escritos de los anarquistas que es, valga decir, una contribución extraordinaria al conocimiento de las ideas políticas en la República Dominicana.


En los dos tomos de la obra de Federico García Godoy, para abundar en una parte del trabajo de Andrés Blanco Díaz, se puede apreciar todo el panorama de una literatura en movimiento y en confluencia con la literatura del Caribe y de América. García Godoy precede a Pedro Henríquez Ureña quien se alzará en las primeras cuatro décadas del siglo XX como el más prominente de los investigadores literarios de República Dominicana y de América. Destáquese por “Ensayos críticos”, (1905), “Horas de Estudio» (1910) y “Seis ensayos en busca de nuestra expresión” (1928), en una primera etapa.


Cabe destacar que la literatura dominicana que tenía ya el contraste de los textos y la valoración dentro de las ideas estéticas europeas en trabajos de los citados hermanos Deligne y las intervenciones literarias de José Joaquín Pérez, quien redactó noticias sobre la poesía del siglo XIX y el prólogo a la primera edición de “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván, así como los estudios críticos de Américo Lugo, le suceden obras que van a fundar la historia de la literatura como los trabajos de Abigaíl Mejía, “Historia de la Literatura Dominicana” (1936). Mejía, una de nuestras primeras feministas, también fue crítica de arte y una de las primeras dominicanas que se graduó de maestra normal en España.


A la obra de Mejía debemos agregar la “Historia de la Literatura Dominicana” de Joaquín Balaguer (1954), aumentada en distintas ediciones. También la historia literaria de Max Henríquez Ureña (“Panorama histórico de la Literatura Dominicana”, 1945), de corte positivista.

También forman este conjunto “Historia de la Literatura Dominicana” de Néstor Contín Aybar (1984). Sin embargo, Pedro Henríquez Ureña como García Godoy, quien trabajó entre las ideas literarias y la reflexión filosófica, agregaron al estudio literario el primado de la lengua para una reflexión sobre la cultura.


La investigación sobre ciencias humanas que se centra en la creación literaria tiene distintos momentos, tendencias y aportes significativos en la República Dominicana. Sin embargo, en la actualidad la contribución Andrés Blanco Díaz con los rescates y contextualización de un pasado donde el dominicano ha ejercido el criterio para explicar el mundo en que vivimos espera por nuevos investigadores, por otras preguntas que permitan crear nuevos saberes sintéticos.


Los aportes bibliográficos de Andrés Blanco Díaz, desde las publicaciones de la Fundación Corripio, El Archivo General de la Nación (AGN) y las de la Biblioteca Virtual de Banreservas, son el cimientopara impulsar los estudios literarios en nuestras universidades. Porque el ser es devenir en el tiempo y sólo lo escrito permanece, en las obras de nuestros principales pensadores, críticos y simbolizadores se encuentran los modelos de vida y convivencia social. En ellos podemos encontrar las razones que han tenido, como si fuera un Sísifo frente a la montaña, la dominicanidad para perfilar su figura en el tiempo.

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