La isla Murano vive de su historia

Vivir portada Venecia
Vivir portada Venecia

En Murano, isla de Venecia, la historia pernocta en formas de artesanía de cristal y es necesario hacer un recorrido que inicia en el siglo II antes de Cristo, hasta las creaciones más recientes del arte de la vitrografía moderna.
Murano es una de las islas más famosas de toda Venecia. Está formada por siete pequeños islotes de concreto, dos de ellos son artificiales, Sacca Serenella y Sacca San Mattia.
Los canales que dividen las estrechas calles de la isla forman un espejo de agua en el que se reflejan los llamativos colores de los edificios a ambos lados.
Es propio del lugar observar pequeñas lanchas estacionadas frente a los establecimientos, ya que este es el transporte local.
Todas las familias radicadas allí, algunas de tercera generación, ejercen un oficio relacionado con la historia de la isla.
Desde la producción agrícola, la pesca, el área de la restauración -que es muy amplia-, el trasporte naval y la artesanía, que es el brazo fuerte de la económica del polo, están compuestas por familias que viven y trabajan ahí.
La gran mayoría del turismo que llega a Murano durante todo el año, muestra un interés especial por conocer la historia de la producción artesanal del vidrio, pero puede que se sorprendan al encontrarse monumentos como la espléndida Basílica María y Donato, una de las más antiguas de la laguna, levantada en el siglo VII cuando llegaron los primeros cristianos a la isla.
Otro monumento a visitar es la iglesia San Pedro Mártir, en la cual se conservan lienzos importantes del artista Giovanni Billini como la “Asunción de la Virgen”.
En importancia le siguen la iglesia Santa María degli Angeli, un templo del siglo XII que luego de las desamortizaciones francesas estuvo abandonado hasta principios del siglo XX.
También el Palazzo da Mula, un edificio gótico del siglo XIII, que fue residencia de una familia noble de Venecia.
Museo del Vidrio. Es preciso adentrarse en el Museo del Vidrio, “Museo d’Arte Vetraria”, ubicado en el antiguo Palacio Justiniano (“Palazzo Giustinian”), a partir del 1861, para conocer en detalle el inicio de una pasión artística que se extendió en el tiempo y se convirtió en la maquinaria económica de una isla completa.
Este museo exhibe en su colección la famosa Copa Barovier del siglo XV, un vaso de cristal azul oscuro, decorado con esmalte y oro, con un grabado que representa dos escenas; el baño en la Fuente del Amor y la Juventud y La Cabalgata. Se cree que la Copa Barovier fue fabricada entre 1470 y 1480 como regalo nupcial para Angelo Barovier.
Junto a otras antigüedades, muestra también la colección de vidrio de Necrópolis de Enona de los siglos I y II.
La sección dedicada al vidrio moderno es también muy amplia, e exhibe piezas realizadas por diseñadores famosos.
Es usual encontrar en las tiendas de artesanía figuras relacionadas con el arte y literatura, por ejemplo, “Los amantes”, obra original del artista francés René Magritte, realizada en París, en 1928. Aquí es una escultura muy vendida, confeccionada en cristal soffiato por el maestro Massimiliano Schiavon en 2015.
La guerra comercial llegó también a Murano.
Sí se desea comprar un algún suvenir de Murano es necesario asesorarse bien, porque ya algunos comerciantes se lamentan de la presencia de productos chinos en su mercado, los cuales son muy fáciles de confundir con una artesanía de vidrio original.
Actualmente, el arte del vidrio se perpetúa gracias a la capacidad de los maestros vidrieros, auténticos artistas, capaces de otorgar al producto terminado increíbles formas y colores afines con el tiempo.
Fue a principios del 1291 cuando los vidrios de Murano se transformaron en el producto fundamental de la exportación veneciana, y el mismo oficio de los maestros vidrieros fue tutelado mediante reglamentos que prohibían ese trabajo a quienes no fuesen inscritos en el gremio y al que se trasladase a vivir al extranjero.