La izquierda dominicana: presa
fácil de contrainteligencia EU

EDWIN DISLA
Después del ajusticiamiento de Trujillo, los Estados Unidos reasumieron el control de República Dominicana y desarrollaron una eficaz labor de contrainteligencia para combatir los partidos de izquierda en ciernes. Esta labor, implementada dentro del marco de la guerra fría, les resultó más fácil de lo que esperaban porque los izquierdistas no se preocuparon por enfrentarla ni mucho menos analizarla.

En 1961 infiltraron a Camilo Todemann en el Catorce de Junio, organización a la que le vendería armas saboteadas, guiando así al 1J4 hacia un levantamiento armado-trampa, que protagonizarían a finales de 1963, tras el golpe de Estado. En el período de la guerra de 1965, los norteamericanos propagaron entre los constitucionalistas una serie de rumores, entre los cuales, el que Montes Arache era un espía de ellos, haría que los catorcistas prepararan un comando para secuestrarlo y juzgarlo por alta traición.

Por fortuna no realizaron tal locura. Concluida la guerra, Washington se concentró en dividir al movimiento revolucionario y lo logró con tanto acierto que aún hoy decenas de dirigentes son enemigos irreconciliables. El MPD y el PACOREDO representaron el extremo de esta realidad, ya que por efecto de la táctica imperial empezaron a matarse entre sí. La maniobra divisionista alcanzó a Caamaño en Cuba: de más de cien hombres que tenía entrenando para derrocar al gobierno de Balaguer, sólo arribaría al país con ocho.

Villo Gómez Suardí fue el conspirador más destacado consiguiendo anteponer, a base de chismes, a Caamaño con Amaury Germán Aristy y Los Palmeros, quienes se encontraban en Santo Domingo en pie de lucha. Luego el propio Gómez Suardí, tras matar a un compañero y eludir la justicia cubana gracias a la intervención del líder de la revolución de abril, se separó de éste dizque por el contenido de una carta que le envió los Comandos de la Resistencia a Caamaño.

En la misiva se mostraban frustrados por el rompimiento de los contactos. Al caer Caamaño a principios de 1973, un fundador del Catorce de Junio me confió que Hamlet Hermann era un agente del enemigo porque el jefe de las fuerzas armadas balaguerista le había comentado a voz en cuello: “Coño, por suerte que se nos salvó Hamlet”. Le aclaré que el militar mentía, que era una táctica para que se empezara a decir precisamente que Hamlet Hermann era un agente del enemigo, y así neutralizarlo y en el peor de los casos, hacer que lo asesinaran como pasó en El Salvador con el poeta Roque Dalton.