La juventud necesaria

La juventud es uno de esos grupos sociales que, mundialmente, son víctimas de estereotipos y generalizaciones. En nuestro país, varían dependiendo de la clase social y género del joven. Si es pobre será delincuente, si es mujer promiscua y si es rico ensimismado.

A esa juventud se le da poco y se le exige mucho. Económica, social y políticamente se le niegan las oportunidades desde ministerios, palacios y congresos en los que no se gobierna tomando en cuenta el bienestar de las generaciones presentes y menos de las que vienen subiendo.

En temas vitales, como educación y empleo, el panorama de inequidad y exclusión social impera. Un 26% de la juventud ni estudia ni trabaja, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).
Quienes logran estudiar tampoco la tienen fácil. No tienen garantizado acceso al mercado laboral ni a vida digna.

En fin, brillan por su ausencia políticas públicas equitativas, inclusivas y justas, que permitan que los jóvenes diseñen y ejecuten proyectos de vida digna sin ser narcotraficante, político o pelotero y así hacerse rico fácil y rápido.

Pero, aun así, se le exige mucho y la frase “la juventud está perdida” resuena en más de una calle, avenida u oficina. Nada más lejos de la verdad.

La juventud dominicana ha sacado la cabeza y una parte relevante de ella ha estado ahí en la defensa de Los Haitises y de Loma Miranda, en el rechazo a la Barrick Gold, a la corrupción y a la impunidad y en la lucha por el 4% para Educación.

No obstante, soy partidaria de que la juventud es ante todo una condición biológica, que no implica que por ser joven seas noble. Reivindicaría, mas bien, la juventud de las ideas, pero tampoco de cualquier ideología.

Mi preferencia estaría dirigida a la juventud de las ideas justas, a la rebelde, a la que no se conforma y da vida a aquello dicho por Allende de que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica.

La aclaración es válida porque hay muchas personas biológicamente jóvenes, endosadas a estructuras tradicionales y conservadoras, dedicadas a perpetuar un orden de las cosas contrario al bienestar de la mayoría.

De ahí, que si la lucha es la construcción de una mejor República Dominicana, haría falta entonces que todos los jóvenes, los de cuerpo, ideas y corazones, confluyan juntos para retomar el proyecto republicano y ser capaces de dar a los habitantes de este país, y posteriormente del mundo, una vida digna.

¿Qué queda mientras tanto? Ya lo decía Benedetti: No decir amén y hacer futuro, a pesar de los ruines de pasado y los sabios granujas del presente. Esa es la juventud necesaria.