La ley y la trampa

.- Según el presidente de la Cámara de Diputados, Abel Martínez, los senadores le pusieron una camisa de fuerza a los diputados con las modificaciones que le introdujeron al proyecto de ley que declara a Loma Miranda Parque Nacional, que devolvieron a la Cámara Alta. Pero el vocero de la bancada reformista, Ramón Rogelio Genao, fue mucho más claro y directo: definió los cambios como una maliciosa táctica dilatoria (la palabra que utilizó fue “chicana”) destinada a convencer a la opinión pública de que los diputados serían los responsables si el proyecto finalmente se cae. Los senadores, como era de esperarse, no solo han rechazado las críticas a sus acciones sino que las han justificado y defendido, pues según el senador Rafael Calderón, quien encabezó la comisión especial que estudió la pieza, lo que hicieron fue adecuarla a lo que establece la Constitución. ¿A quién creerle? ¿Cómo saber quién tiene la razón? ¿Los senadores o los diputados? ¿Quién juega con quién? Milcíades Mejía, presidente de la Academia de Ciencias, y Luis Carvajal, presidente de la comisión de medio ambiente de la entidad, parecen estar convencidos de que los diputados son los malos de esta película, y proponen la conformación de una comisión bicameral que estudie las modificaciones propuestas como una forma de superar el tranque que amenaza con hacer naufragar el proyecto, dándole a Falcondo más tiempo para seguir haciendo amarres. Porque de eso se trata todo esto, de ganar tiempo, y poco importa si los culpables son los senadores o los diputados, pues caben en el mismo saco. Y si alguien me preguntara qué opino sobre este tirijala legislativo, en el que senadores y diputados se acusan mutuamente de querer hacer abortar (porque eso es lo que se busca) el propósito de convertir Loma Miranda en Parque Nacional, limitaría mi respuesta a recordar –como reza la conocida expresión– que quien hizo la ley hizo también la trampa.